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[Argentinadas] De sabores y placeres: Desilusiones varias…
Escribe: Raquel Baratelli
No se sabe a ciencia cierta cuál es la razón, si es un tema de costos, falta de insumos, extravío de recetas, cambio de cocineros o si el etiquetado frontal tuvo algo que ver.
La cosa es que a la hora de consumir productos “ricos”, últimamente andamos de fiasco en fiasco.
¿Acaso no existe una multa por cambiar sin previo aviso el sabor y la consistencia de la galletita boca de dama, o agregarle gas a una bebida finamente gasificada y volverla soda?

¿Qué me dicen de las galletas surtidas que se volvieron sólo anillos y encima de color beige? ¿Y las desapariciones que nos dejan con las ganas de repetir el placer gastronómico efímero de un “bocato di cardenale” único que habíamos descubierto de casualidad en una góndola?
Ese famoso yogur con cereales que incorporó la variedad con las no menos famosas obleas rellenas que no duró ni un suspiro y aquel postre infantil corazoncito que antecedió al dinosaurio actual o los bastoncitos de queso, otrora opción de merienda saludable; algún memorioso recordará la famosa Flopy, palito helado de marca reconocida…
La cosa es que a la hora de consumir productos “ricos”, últimamente andamos de fiasco en fiasco
Ni hablar de los cambios de sabor que han sufrido productos como el dulce de batatas, el café instantáneo que cada vez contiene menos café.
El caso de las frutas y verduras, que pasaron de jugosísimos duraznos o dulces ciruelas y damascos a pepinos; los escuálidos espárragos, tomates de plástico y papas de corta duración, ya son un clásico.
No hay caso, la injusticia ha llegado a nuestro paladar y no hay asociación que pueda defendernos del mal trago de ver nuestro deseo de repetir el placer de repetir un sabor, por el piso y encima, en un solo bocado.