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[Argentinadas] El “fóbal”, esa pasión de multitudes
Escribe: Raquel Baratelli
Todos tenemos alguna pasión en la vida que nos ocupa un buen lugar en el cuore, aquello por lo que estamos dispuestos a lo que sea, perdurable en el tiempo e imposible de resignar que va más allá de todo raciocinio y según la Real Academia se define como “sentimiento vehemente capaz de dominar la voluntad y perturbar la razón” o “apetito o afición vehemente por algo”.
O sea, chicos, es evidente que hablamos de “Football” y de esa emoción irracional que genera una pelota que corren, se disputan y patean once pibes dentro de una cancha y miles desde afuera.
Alimentada desde antaño principalmente por la masculinidad argenta, desde el potrero barrial y la pelota de trapo, hasta el club de barrio, donde se cuecen las hinchadas y la pasión adquiere carácter hereditario.

Sentimiento reforzado por el ritual de ir a la cancha en cada partido del club amado, ataviados con los colores alusivos y la indispensable escucha de la transmisión radial de los domingos, por donde se colaba la pasión futbolera a la mesa familiar despertando la ilusión de todo niño por jugar alguna vez para su cuadro favorito.
Hoy, la televisación de los partidos y la proliferación de programas y comentaristas-analistas cuasi poetas vehementes del fútbol, han aumenta exponencialmente el ingreso del deporte al seno del hogar, convirtiendo esta pasión colectiva, compartida por la ciudadanía, en parte ineludible de la definición del ser nacional.
Así es viejo, no te gusta el “fóbal”, no sos un argento que se precie. No es asunto de camisetas y banderas mundialistas ni de fines de semana, la pelota se patea, se sigue y, sobre todo, se siente, se lleva en la piel y en el cuore todos los días durante todo el año.
Por seguir al equipo el hincha es capaz de sacrificar cumpleaños familiares, asados con amigos, exámenes, compromisos laborales, todo
Por estos tiempos, la pasión futbolera trasciende géneros y edades, va más allá de la vida misma; por seguir al equipo el hincha es capaz de sacrificar cumpleaños familiares, asados con amigos, exámenes, compromisos laborales, todo.

Seguidor serial del fútbol, el tipo permanece en un estado de alerta, la voluntad completamente cooptada por la especulación sobre puntos en la tabla de posiciones, la razón reducida a interminables cuentas, entre número de partidos que faltan menos los aciertos de los primeros por los puntos perdidos dividido goles y chances de que el campeón pierda sobre las posibilidades de ascenso o descenso de cada cual por los partidos que deberán perder, ganar o empatar cada uno igual a chances de jugar o no la siguiente copa y así sucesivamente pasando por la primera, A , B, a La Libertadores, La América…
A estas alturas, la consecuente perturbación de la razón del hincha, multiplicada por el colectivo de aficionados y vehementes seguidores de la pelota, no hace más que confirmar que el futbol es, por definición, La Pasión argenta de todos los tiempos.