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[Argentinadas] Pre Sesenta: Aún se puede ser joven, sin hacer el ridículo
Escribe: Raquel Baratelli
Es un hecho que llegar a los cincuenta pirulos es duro, viejo, pero la recta final hacia los sesenta, ¡te la debo!, entrás en un estado de ansiedad extremo que te sumerge en un estadío de negación.
Como si el envejecimiento sólo fuera una cuestión de actitud, uno se convence de que hay que agiornarse en la vestimenta, intereses, actividades, hasta en el vocabulario y en los temas de conversación; de golpe te descubrís a vos mismo hablando de chiques con otros veteranes en medio de un patio cervecero lleno de pendex, cuando nunca te gustó la birra artesanal; o te encontrás saliendo de una sesión de cross fit cuando lo tuyo es el Pilates o la quietud misma.

Muchos pibes de tu edad se convencen de calzarse chupines, que no hacen otra cosa que resaltar los bultos delanteros ya caídos, dejando al descubierto el descule que viene con la edad; abundan las truchas y la inexpresividad de caruchas “botoxeadas”, un viaje de ida entre las pibas.
Además, parece crucial no perder tiempo y hacer todo ya, lo que se desea o lo que se deseaba y no se pudo durante la juventud, sobre todo actividades de onda.
Así, como si llenarse de cosas desactivara el paso inminente a la sexta década, se emprende una escalada de actividades varias que te retrotraen a la adolescencia, juntadas con los compas del cole, escapadas con viejas amigas, treking, bicicleteada, motoqueadas, torneos de tenis, golf, pingpong o salir de copas, y te abocás a documentar todo con selfys que ilustrarán tus historias en las redes; te volvés experto en el arte de tictokear, hasta estás predispuesto a tomar clases, mirá, justo vos que odiaste el cole.
Toda excusa es buena para llenar el poco tiempo de ocio que te deja el laburo y para no pasarlo en casa, donde el nido vacío amenaza con reencontrarte solo con tu pareja y con el espejo que te devuelve tu verdadera cara casi sexagenaria.

No exageremos, chiques, que a los sesenta se puede ser joven todavía (ponele) sin necesidad de volver a la adolescencia.
Cada edad tiene lo suyo y se puede disfrutar de la vida sin necesidad de disimular arrugas ni escaparse de los achaques propios de la edad.
Hay que ser fuerte, no derrapar, entrar en razón y asumir los años, viejx, que “con la mejor”, “joya”.