Córdoba, la desobediente: Retroceder sí, rendirse jamás

Escribe: Germán Giacchero

A Córdoba no le queda otra que retroceder en las mínimas flexibilizaciones que adoptó en los últimos cinco días durante los cuales desobedeció -una vez más- el mandato de la Casa Rosada.

La realidad se le plantó en la cara al gobernador Juan Schiaretti, más partidario de una gradual apertura de las actividades que del confinamiento estricto al estilo fase 1 que tanto pregonan los fundamentalistas de la cuarentena total.

El ablandamiento de las restricciones en la geografía cordobesa provocó irritaciones mayúsculas en el despacho de Alberto Fernández y sus funcionarios más cercanos. Pero más aún, en el ala más dura del gobierno nacional, donde se concentra el kirchnerismo ortodoxo.

Un poco por contradecir el publicitado consenso con los gobernadores respecto de las medidas acordadas, pero mucho más por las abismales diferencias políticas, metodológicas y hasta ideológicas que separan a El Panal de Balcarce 50.

Discrepancias que se maquillan en tiempos de bonanza y aparente unidad, pero que muestran en tiempos preelectorales las quebradizas suturas de las heridas nunca cicatrizadas.

Porque, aunque digan que no es momento de hacer política partidaria en este tiempo de caos sanitario y económico, la maquinaria del poder continúa trabajando a destajo. En todos los planos: nacional, provincial y municipal.

Sobran los ejemplos. Y los embates no vienen solo del flanco externo, como es de esperar. Las principales líneas enemigas parecieran concentrarse en el supuesto fuego amigo.

Razones encontradas

Fernández sabe que una cuarentena modo “cuasi estado de sitio” no resulta aplicable tras un primer año con consecuencias desagradables para amplios sectores. Aún así, pareciera bancarse las críticas por el endurecimiento del aislamiento y estaría dispuesto a fortalecer el confinamiento si la condición sanitaria llegara a niveles explosivos.

Habrá que ver el nivel de ebullición que alcance el malhumor social que viene recalentado desde hace meses.

El “Gringo”, quien ha coqueteado con el macrismo y digerido a su modo al kirchnerismo, desobedeció la bajada de línea proveniente desde Buenos Aires, más que por convicciones, por la lectura que realizó junto a su equipo de ese creciente grado de irritabilidad generalizado en la capital y en el interior provincial.

El temor de movilizaciones masivas y la alteración del orden social sobrevuela los pensamientos de varios funcionarios de primera línea.

Pero, el costo político de priorizar algunas decisiones debe ser pagado de alguna manera. El desplante cordobés le puede significar algunos reveses del gobierno central, pero un acatamiento estricto de las órdenes de la Casa Rosada podría abrir fisuras en tierras mediterráneas.

Y es un riesgo que el mandatario provincial pareciera no desear correr.

Restricciones: Córdoba tomará una decisión única para todo el territorio provincial.

Claro, que el irrefrenable avance de la pandemia puede hacer trizas las mejores aspiraciones. Y lo del 80% de camas ocupadas, proporción tomada como parámetro para volver a apretar un poco más la cuerda de las restricciones estrictas, huele hoy más a excusa y suena como una salida decorosa de último momento.

No lo dicen en voz alta. Pero, son muchos los funcionarios cordobeses que reconocen en la intimidad que habría sido un error ablandar el confinamiento.

Ahora es algo tarde. Porque el reto presidencial y los dardos provenientes de la oposición política y de los sectores más afectados por la pandemia, no harán tanta mella en la oficina principal de El Panal, como el que podría desencadenar un posible estallido de la situación sanitaria.

¿Ensayo y error?

En un acto oficial realizado hoy, Schiaretti dijo “estamos atravesando el pico de la segunda ola de la pandemia”.

Una forma de aceptar la inapelable intransigencia de la realidad. Y una manera elegante de anticipar lo que viene: vuelta atrás, recrudecimiento de las restricciones, un confinamiento más severo, al menos, a los estándares de hace unos días.

El tiempo dirá si este espejismo de una semana resultó ser una picardía o una torpeza del gobierno cordobés. Nadie piensa que haya sido para mejor, más allá de la bocanada de oxígeno que significó para sectores comerciales.

A Córdoba no le queda otra que volver atrás. Pero, una vez más, la provincia que fue calificada como una “isla” en el mapa nacional, la tierra del “cordobesismo” y el terreno fértil donde algunos abonan ideas independentistas disparatadas, tratará de no caer a pesar del escenario nada favorable. Y de una decisión, quizás, desacertada.

 Córdoba, la desobediente, sabe que debe retroceder. Pero, fiel a sus genes, para bien o para mal, no está dispuesta a rendirse.

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