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El año agridulce de Alberto: imprevistos y cambios de agenda
Escribe: Julio César Nieto
Sin lugar a dudas, el primer año de gestión del presidente Alberto Fernández quedó condicionado por el coronavirus.
Bajo una cuarentena estricta, que en principio duraría sólo dos semanas, se extendió hasta fines de noviembre marcando el primer año de gestión con picos y pisos inéditos.
La economía que era lo más endeble de la “Herencia M” habló por si sola de un diciembre a otro:
- La deuda externa de u$s277 millones heredada por Macri (contando los vencimientos para los cuatros años del próximo gobierno) ascendió (con la reestructuración) a u$s320 millones.
- El dólar minorista con cepo acumuló un alza en promedio de 128% (de $60 a $144) frente a un 116% ($71 a $189) que ascendió el dólar blue.
- La pobreza (lejos de quedar en cero como la promesa de 2015) se dejó en diciembre de 2019 en el orden del 33%, llegando hoy (con datos actualizados del INDEC) al 44,2% y alcanzando a casi 18 millones de personas.
- El desempleo del 8,9% en diciembre de 2019, llega hoy al 14,2% según los datos del Observatorio de la UCA.
- La inflación anual de 2019 (53,8%), aún sin conocer los datos de diciembre, cerraría en el 46% – 47% según varias consultoras.

En cuanto a la recaudación, si bien cayó durante toda la cuarentena, comenzó a tener un leve crecimiento a partir de septiembre, llegando en octubre a superar la inflación. Hoy, Argentina pasó de un déficit fiscal 0,5% del PIB a un déficit fiscal cerca del 4,7% para fin de este año.
A esto, aún queda por determinar la caída en la actividad comercial e industrial, del salario y puestos de trabajo tras la eliminación de subsidios como el IFE o ATP, así como el impacto en la canasta básica de la inflación y la nueva movilidad jubilatoria.
Los desafíos
Con o sin pandemia, los desafíos del Gobierno para el 2021 serán aún mayores a los de la “Herencia M”. La renegociación con el FMI es la primera puesta en escena y tendrá al Palacio de Hacienda interactivo durante todo el verano.
El retorno de las actividades en la administración pública con paritarias atrasadas, será otra. Los gremios, asombrados por una inédita caída en su número de afiliados y aportes patronales, ya no tienen paciencia.
Y como si esto fuera poco, el escenario internacional tras las elecciones en EEUU y las estrategias que adoptará el mundo con una vacuna contra el COVID-19 en curso, pone al país en un nuevo redireccionamiento en su política exterior.

La idea “antigrieta” del arranque se diluyó con los “pro” y “anti” cuarentena, reabriendo otra con la ley de despenalización del aborto que cerrará el año político del Frente de Todos, quien aún no asegura su triunfo en la Cámara Alta.
Ahora. si bien nuestro sistema es híper presidencialista, la política argentina está indexada por ley. El dueño de la lapicera (Ejecutivo) no podrá realizar cambios de fondo sin mayoría en las Cámaras. Las legislativas o elecciones de medio término para el 2021 es por hoy la mayor preocupación del Presidente y los suyos.
El Congreso es vital. El Senado, piloteado por CFK es un dolor de cabeza para el “Albertismo”. En Diputados, al no contar quórum ni mayoría propia, el oficialismo sigue siendo rehén de los acuerdos y negociaciones; y es por ello que el próximo turno electoral será decisivo.
El futuro económico argentino es incierto. La audacia y la austeridad del equipo económico será fundamental. No hay lugar para internas o fuego amigo. Alberto como Cristina saben que dependerá de ambos si se hunden o continúan a flote.