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El «sexo vainilla»: ¿Rutina, aburrimiento o puro placer?
Escribe: Lic. Noelia Benedetto (*)
Se denomina como “vainilla” a las personas que practican únicamente sexo convencional, sin deseos de explorar otras posibilidades. Sin embargo, no existe un consenso para definirlo.
Suele estereotiparse como “el sexo misionero practicado en la oscuridad entre una pareja heterosexual blanca, con muy pocos juegos sexuales, y a veces rápido (pero tampoco demasiado), con no más de dos orgasmos”.
El sexo vainilla es un concepto muy relativo. En esta categoría, se agregan el sexo oral, la autoestimulación y hasta el sexo anal, según desde qué teorización nos paremos.

La metáfora del helado
La metáfora consiste en imaginar la situación donde una persona entra por primera vez a una heladería y sin nunca haber probado un helado, entre tanta cantidad de sabores que existen; la persona elegirá de seguro el sabor vainilla, porque es un sabor común y sin particularidades.
La vainilla no podría publicitarse de manera exótica, o como “una explosión de sabor en tu boca”, pero sí como algo sutil, suave y también excitante.
El sexo vainilla no obstante está pegado a lo aburrido, a la heteromononorma parejocentrista y al amor romántico.
Desde la cultura del BDSM (un grupo de prácticas y fantasías eróticas que incluyen sumisión, sadismo y masoquismo) se conciben ciertas prácticas sexuales como ese sabor de helado: clásico, conservador, demasiado suave. No es que haya nada en la vainilla que esté mal, ni mucho menos una movida “hater” al respecto.
Conversar con las compañías sexuales, llegar a entender que la otra persona también tiene derecho a explorar sus preferencias y que es posible que no se siente el mismo placer que nosotras al incursionar en las nuestras.
La comunicación asertiva es fundamental.
(*) Psicóloga y sexóloga