[HISTORIAS] ¡¡Cómo hacer crecer el aparato masculino!!

Un elixir fantástico… si se lo ofrecen, pruébelo

Escribe: Mand

Por algo fue el que más logros económicos tuvo de toda la barra. Sin embargo, muchos aún le reclaman aquellas monedas que eran para el matiné del Alhambra o el Monumental. No era tarea simple lograr ahorrar y que éste reventado los garcara a todos… El Pato lo decía con bronca. Budín se la juró para siempre. Además, y eso fue lo peor de superar, las ilusiones de que realmente aquella fórmula mágica diera resultado. Dito embretó a todos. A todos sin excepción. Vaya a saber quién se lo comentó, o de dónde sacó la idea, pero después de cuarenta años todos coinciden que fue genial. Garcador, pero genial. Irse a bañar al río tenía esas cosas. Para que la vieja no descubriera los calzoncillos mojados no existía otra alternativa que bañarse desnudo. En pelotas. Sobre los sauces dejábamos los guardapolvos y el portafolios. La desnudez de todos se parecía, excepto Dito. Su descomunal miembro le permitió hacer su primer gran negocio. El Pato no lo olvidaba. Y siguió narrando. “Estábamos en la esquina, como todas las noches del año. Granadina con anís en jarra de aluminio y unos hielos. Armábamos el contrabarrio del domingo siguiente. Dito, el más dotado de todos, llegó con una botella ginebra llena de un líquido marrón claro. No dijo nada y a cada rato tomaba un trago. Fue el Toto quien le preguntó ¿qué es eso? Se puso de pie y murmuró: “esto es un té que te hace crecer la pistola. Lo tomo desde que tengo cinco años. Lo prepara una tía mía que vive en El Fortín. Mi viejo se pasa uno o dos litros por semana”.

El silencio se apoderó del grupo

Si es por lo que tenía Dito, el té era realmente efectivo. Muy efectivo. Al Toto siempre lo perdió la curiosidad. Y la barra en ese caso se lo agradeció. ¿Y qué pasa si lo tomamos nosotros?, “Nada – indicó – la vas a tener grande como la mía”. Uno a uno le vaciamos la botella. Tenía un gusto raro. Como a ruda. Nos atrevimos a pedirle que nos preparara un poco. Fue terminante. ´Vale 1,50 el litro. Mi tía lo manda a unas farmacias de Buenos Aires´. Como para tener en cuenta, sirven algunos ejemplos. Por treinta centavos Don Carmelo te daba un cucurucho helado más grande y dos gustos; la entrada al cine costaba cincuenta centavos.

Dito que nunca pudo pasar de tercer grado la tuvo en claro. Uno cincuenta era mucha guita para darla porque sí nomás. Así que se lo solicitó algún tipo de garantías. “Ningún problema dijo Dito”. ´Hacemos una cosa, cuando les entrego el primer litro se las mido, y se las vuelvo a medir a los 15 días. Si no les crece les devuelvo la plata y me aguanto un capotón galloso.

Todos pedimos un litro de entrada. Fuimos al campito y llegó Dito con el centímetro de hule de su madre, que se la rebuscaba como costurera. Amarillo gastado, casi no se le veían los números. Abrió el cuaderno y fue anotando con una letra ilegible, nombre, apellido, edad, largo y ancho del miembro. Budín, peló ya con media erección. Apuntó ese detalle en las hojas sucias del Laprida. Los demás con el pedacito casi roncando. Dormido. Todos en hilera espiando. Sin problemas Dito lo acomodaba y medía. Los 12 fuimos examinados. Su hermano, Berto, llegó con las botellas minutos después. Pusimos religiosamente las monedas en un tarro de leche Nido. Algunos pagaron con billetes. Todos de vueltos no entregados a los viejos. El sueño era tenerla sobresaliente como la de Dito…

En un día nos tomamos toda la botella. Nadie respetó las indicaciones: “no más de una tasa diaria…” Al carajo, que creciera rápido. Sin que nadie lo dijera al otro, le pedimos otra botella. Asqueroso el té. Igualmente valía el sacrificio.

A los quince días, volvimos a juntarnos todos. Nadie dijo nada en cuanto al desarrollo. En realidad, la mano no mentía. No había nada que indicara mayor extensión. Pero si Dito lo aseguraba, y él se ponía como muestra. Por algo era. Todos nuevamente en hilera. Abrió el cuaderno. Leyó los nombres y nos controló, pantalones abajo. Lo curioso es que esta vez había venido con un centímetro de hule, como el otro, solo que flamante. Nuevo. Impecables los números. Y efectivamente, ante la misma medición cada uno tenía casi un centímetro más. Quince días un centímetro, multiplicábamos por 2 y luego por 12. En un año…. Saltábamos de alegría. Pedimos nuevamente más elixir de crecimiento. El único efecto cierto y palpable, era la diarrea.
La duda se planteó en un acto de sinceramiento del Pato: “muchachos, el centímetro dirá lo que quiera, pero en mi mano me sobra siempre el mismo pedazo…” mortal definición…

Dito se llevó unos buenos mangos y de a poco olvidamos el repugnante té. Ya mayores y sin posibilidades de revertir lo que la vida nos entregó, nos volvimos a encontrar con Dito. Fue lo primero que rememoró: “ Se acuerdan del té… ese que le hacía crecer la pistola. Todas macanas”. Nos había ensartado. Y decidió explicarlo. “Yo les tomaba la primera medida con el centímetro viejo de mi mamá… que estaba todo estirado, eso le quitaba como mínimo un centímetro o centímetro y medio… y después, lo hacía con el centímetro nuevo, que no estaba estirado, ese le daba un número más, que era la medida real… lo que cada uno tiene”

Nos había garcado, pero no daba espacio para el pataleo. Ahora, cómo explicarle que durante casi un mes estuvimos más que felices y expectantes bebiendo ese té, pensando que podíamos parecernos a él, con quien la naturaleza fue por demás generosa… ahí aprendimos que “lo que natura no da… los té tampoco te lo dan”

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1 comentario en “[HISTORIAS] ¡¡Cómo hacer crecer el aparato masculino!!”

  1. Que lindo recuerdo Mand, para aquellos que ya no están físicamente, pero sí, y siempre en el recuerdo de los que supimos vivir en el barrio.
    («Dito a tomar el Toddy»).-

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