[Historias] El calzado para la Policía que fue a parar a los diputados

Una historia que tiene un toque de humor, pero en verdad, da para llorar. Una postal política de las tantas que son frecuentes en nuestra historia.

Escribe: JULIO A. BENÍTEZ – benitezjulioalberto@gmail.com

El doctor Wenceslao Frías nació en la ciudad de La Rioja el 22 de noviembre de 1963, estudió en Córdoba, como su primo Joaquín V. González, donde supo conquistar relaciones y hondos afectos que siempre conservó. Anciano ya, vivió en su ciudad natal, hasta su fallecimiento, ocurrido el 12 de julio de 1947.

Fue querido y considerado como un patriarca, sus comprovincianos lo distinguieron y respetaron, llamándole cariñosamente como “Don Frías”.

Tuvo el honor de ser dos veces gobernador constitucional y en una tercera oportunidad completó el período por renuncia del titular del ejecutivo.

Su administración fue honesta y progresista, y, como su ilustre primo, perteneció siempre en política al Partido Nacional, al cual la república le debe inmensos progresos, no obstante, aquello de “régimen falaz y descreído”.

Hombre afable, culto, simpático, atrayente, de carácter jovial, supo siempre conservar excelente amistad e influencia con los políticos de Buenos Aires. Fue gran amigo del general Roca, de Pellegrini y demás prohombres del partido nacional.

Viajaba frecuentemente a la Capital Federal para mantener contacto con sus amistades y para conseguir alguna escuela, algún dique de embalse, alguna subvención u obra que significara progreso para su pobre provincia.

Y así, debido a su influencia y perseverancia consiguió muchos beneficios para su terruño. Su acción, en tal sentido, resulta semejante a la de nuestro Cura Brochero, claro, éste en mucha menor escala, por cierto, para las sierras de Córdoba.

Un pedido inusual

En uno de sus frecuentes viajes a la Metrópoli, hizo una visita a su amigo, el coronel Ramón Falcón, jefe de policía ciudad de Buenos Aires. Durante la visita, se estableció el siguiente diálogo:

-¿Y qué me dice señor gobernador de su valiente provincia?

-¿Valiente?… Sí, valiente, ya lo creo, porque todavía no nos hemos muerto de hambre, mientras ustedes viven aquí en medio de la abundancia… Imagínese usted que mis gendarmes de policía andan casi descalzos porque las alpargatas se les rompen en cuanto se las ponen… A ver, pues, si usted me obsequia con una partidita de calzado del que usa la tropa de su policía.

-Con el mayor gusto, señor gobernador, pronto le voy a mandar una encomienda. El coronel cumplió su promesa.

Pasó el tiempo.

Botas de policía. (Imagen ilustrativa)

En otro viaje de Frías, al encontrarse de nuevo con el coronel Falcón, se le ocurrió una ironía de la pobreza de su provincia, y después de un campechano saludo, le preguntó:

-¿Y, cuando me manda  una buena partida de calzado para mi policía?

– Pero, doctor Frías, si hace poco le envié la encomienda prometida. ¿Acaso no la ha recibido?

-Sí, mi estimado coronel, pero esa partida apenas alcanzó para los diputados y ya la tienen en uso.

También podés leer:

Fuente: Libro escrito por Julio S. Maldonado “Episodios Históricos y Anécdotas” – Páginas 171/172/173 – Marzo 1970.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *