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[Historias] La casa “embrujada” de Villa María sobre la que caían piedras
Escribe: Ing. Hernán Allasia
Por el año 1989, una de las noticias más visualizadas en “El Diario” de aquella época era una presunta actividad paranormal que se suscitaba en una vivienda de techo de chapas en la zona de Barrio “Belgrano” en nuestra ciudad.
Había en la zona muchos terrenos baldíos y las calles estaban sin asfaltar y sólo unos focos las iluminaban.
En primer lugar, por una extraña razón cayeron una noche algunas piedras sobre el techo de una vivienda de una tradicional familia del sector ubicada en las inmediaciones de la calle Chiclana entre Chile y Lisandro de La Torre.
Uno de los descampados estaba lleno de plantas de granada que sirvieron para que los niños y jóvenes aprovecharan para la segunda parte de la historia.
Nadie sabe qué pasó la primera vez que cayeron piedras sobre la vivienda, algunos creen en un fenómeno paranormal y otros prefieren opinar que fue una broma.
Una vez que la Radio LV 28 y El Diario tocaron el tema, toda Villa María hablaba de ello; el barrio de día y de noche se empezó a llenar de gente ante el asombro del puñado de habitantes del lugar.
Misterio y temor
Cuando un grupo de visitantes se instalaba al frente de la vivienda “embrujada”, los jóvenes se ubicaban en la parte de atrás de la misma y arrojaban piedras, algunas caían en el techo de la casa y otras en la calle donde eran vistas por los curiosos.

En cambio, cuando los investigadores llegaban a los baldíos, los jóvenes se escabullían entre las plantas de granada y desde allí partían las piedras. Quienes vivieron allí en esos años recuerdan muy divertidos los hechos y las carcajadas brotan al recordar cada evento.
La Policía llegaba con varios móviles en las noches debido a la cantidad de curiosos que pasaban por allí y hasta cerca del patrullero caían los escombros que volaban por los aires.
Cosas de “brujería”
Con el correr de los días llegaron parapsicólogos, curanderos y “brujos”; colocaban cruces en los terrenos baldíos, pero ninguno adivinó que los jóvenes seguían alimentando el misterio.
Incluso en una madrugada cambiaron de lugar a todas las cruces que había dejado un “manosanta” la noche anterior lo que provocó el asombro de los curiosos.
Era en esa época la última manzana del barrio y como todos ingresaban por la misma calle el tráfico de autos en las noches, fundamentalmente fines de semana, era incesante y muy llamativo.
En unas tres semanas el mito se fue olvidando y el viejo barrio de la cárcel de Villa María volvió a la normalidad.
Más que “embrujada”, la casa estaba “embromada”.
Fuente: regiondelmani.com.ar