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La historia del ingeniero y Henry Ford: Ningún trabajo es fácil, hay que saber qué tornillo girar
No hay trabajos fáciles o simples, cada uno tiene sus aspectos positivos y negativos. Hay que saber valorar el oficio o la profesión de los demás. Cuando menospreciar la labor de algunas personas resulta un hecho bastante frecuente, deberíamos recordar la anécdota del ingeniero alemán cuando le dejó una enseñanza al gran Henry Ford.
Muchos de nosotros conocemos o hemos escuchado la historia del ingeniero que cobró una suma importante de dinero por hacer un trabajo que visto desde afuera sonaba sencillo y sin mayores complicaciones. Y, claro, por eso recibió reclamos y quejas.
El relato pasó a la posteridad con el valor mínimo de un tornillo (1 dólar) y el costo que al empresario le pareció excesivo de qué tornillo girar para solucionar el problema, 9.999 dólares.
Con algunas variaciones, la historia tuvo algunos matices diferentes.
Resulta que ese profesional se llamó Charles Proteus Steinmetz (1865-1923) y le dejó una buena lección al célebre Henry Ford.
En la planta de Ford en River Rouge había un problema técnico con un generador grande y los ingenieros eléctricos de la planta no podían averiguar dónde estaba el problema.

El propio Ford recurrió en busca de ayuda a Steinmetz, quien tenía una especie de joroba en su espalda.
Cuando el «pequeño gigante» llegó a la fábrica, rechazó cualquier tipo de ayuda y exigió una libreta, un bolígrafo y un catre.
Pasó dos días y dos noches en la fábrica, escuchando el ruido del generador, mientras realizaba innumerables cálculos extraños y complicados.
La solución
Luego, bruscamente, les exigió que le trajeran una escalera, una cinta métrica y una tiza para pizarra.
Haciendo un esfuerzo considerable, subió por la escalera, hasta llegar a la parte superior del generador.
Luego, usando la cinta métrica, calculó un punto preciso en la superficie de la enorme máquina, donde hizo una marca con tiza.
Bajó la escalera y les dijo a los ingenieros que lo rodeaban que tendrían que quitar la placa lateral, desmontar la bobina del generador y quitarle 16 vueltas de cable, comenzando desde el lugar exacto donde había hecho su marca de tiza.
Cuando se hicieron las correcciones, ante el asombro de los ingenieros, el generador volvió a funcionar perfectamente.

Posteriormente, Ford recibió una factura de diez mil dólares, firmada por Steinmetz de General Electric.
El célebre empresario estadounidense se la devolvió, reconociendo el excelente trabajo realizado por el genial ingeniero de origen europeo, pero respetuosamente pidiéndole una factura más detallada (¡diez mil dólares era una suma astronómica en aquella época!).
Steinmetz accedió a la solicitud, devolviendo la factura, a la que agregó el siguiente detalle:
– Marca de tiza en el generador: 1 dólar
– Saber dónde marcar: 9,999 dólares
Total a pagar: 10,000 dólares
La cuenta fue pagada. En silencio, sin protestas y sin más dilaciones.
Por eso, nunca hay que menospreciar el trabajo de los demás.
La anécdota aparece en una carta de Jack B. Scott al editor de la revista «Life», publicada el 14 de mayo de 1965. Su padre, Burt Scott, había sido empleado de Henry Ford durante muchos años.
Aclaración
Charles Proteus Steinmetz fue un matemático e ingeniero eléctrico alemán y profesor en el Union College. Fomentó el desarrollo de la corriente alterna que hizo posible la expansión de la industria eléctrica en Estados Unidos, formulando teorías matemáticas para los ingenieros.