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“Guay al que rompa la cruz de las plazas…”
Aguafuertes villamarienses
Escribe: Miguel Andreis
Esta nota fue publicada en mayo de 2015. No tiene nada de especial, o sí, solo que se me vino a la memoria, con todo lo que está pasando en estos momentos el país y muy especialmente en Villa María, con el tema del coronavirus, la pandemia y especialmente con todos los periplos de quien fue elegido como Intendente, Dr. Martín Gill, y a menos de dos semanas ya se estaba yendo a Buenos Aires, para ocupar un cargo relevante en el Ejecutivo. Burlando abiertamente la voluntad popular.
Días atrás, en una arquitectura cuasi de impunidad, regresó para que los suyos, es decir el peronismo con distintos nombres, le volvieran a otorgar otros seis meses sin escuchar el reclamo de la sociedad. El entrevistado por entonces ya no está más. No obstante, lo expuesto, son situaciones, seguramente, con más misticismo que realidad. Alguien diría que las brujas no existen, pero que las hay, las hay… ¿Las hay?
Don Joaquín y sus premoniciones
El hombre había hecho que su hija llamara por teléfono a la Redacción. Le prometimos ir a visitarlo. Con 96 años muestra aún notoria lucidez. Decidí hacerlo dos días antes de fin de año. Su casa en las afueras me quedaba de paso. Margarita, una de las siete descendientes, me llevó hasta su padre. Tomaba mates en el patio cercado de tejidos herrumbrados y perros empulgados. Estiró la mano para saludar. Los dedos huesudos y deformados asimilaban a un churqui seco. Un banquito y ahí estábamos frente a frente. Ignoraba el motivo de la convocatoria.
Don Joaquín Romero es nacido, criado y asegura que morirá en la villa, avanzó el silencio. Uno de sus ojos se observa más opaco que el otro. No es demasiado lo que ve. Pero ve.
-Mire amigo, lo llamé porque sería muy largo de explicarle lo que hace años me contó mi madre. Tiene que ver con la Placita Ocampo. Ahí íbamos de chicos cuando nos llevaba el colegio. Fui hasta tercero. Corríamos. Saltábamos. Hacía poco tiempo que les habían puesto las rejas. Los eucaliptus altos. Una sola tribuna…
-¿Es eso lo que usted me quiere contar? Pregunté mientras le devolvía el mate.
-Nooo, es algo más importante… lo que me explicaba mi finada madre es que, vaya ventura, también me lo repitió una maestra de la José Manuel Estrada, escuela que estaba en la calle Sarmiento antes de llegar adonde ahora está la ruta pesada. Ella nos mostró el plano de Villa María y explicó que quienes dibujaron la ciudad, en el medio le hicieron una cruz con cuatro plazas. Y nos repetía “ ¡¡guay de aquellos que rompieran la cruz…!!”
-No había reparado en ese detalle. Pensé el plano y el anciano tenía razón. Hay una cruz hechas con plazas. La placita Ocampo es una. Romero continuó:
-Sabe que le pusieron la cruz para evitar maldiciones. Manuel Ocampo no quiso venir nunca a la ciudad. Y lo mismo le pasaron cosas. Murió loco e internado…
-¡¡Y guay si rompen la cruz!!- levantó la voz. Don Pereyra y Domínguez, caballero comerciante, había querido hacer un arreglo con la Municipalidad por esa plaza, y la usina de Figueroa y Bermúdez, ubicada por la calle Paraguay; tenían casi todo arreglado y al mozo, Pereyra y Domínguez, lo matan saliendo del Club Progreso. Un tiro en el corazón… unos dicen que fue por polleras. Otros, que un hombre sin nombre ni rostro, no le permitió romper la cruz… en el ´28 sucedió algo parecido, vino un ciclón y casi arrasa el caserío… ni sé cuántos muertos hubo.
-Pudo ser una casualidad… esas cosas nunca se saben. – atenué como para no descalificar los dichos de don Joaquín.
-¡¡Si se saben!! Afirmó, agregando. Allí por años hicieron la comunión todos los chicos de la ciudad. A principios del pasado siglo había una familia de apellido Olmedo, de Córdoba, también quisieron comprarla para hacer un depósito ferroviario. Cuando regresaban en un accidente falleció él y uno de los hijos… ¡¡Guay al que rompa la cruz!!
Romero continuó contando infinidad de anécdotas.
No creo en superticiones. Ni en esas cuestiones místicas… no las creo. Solo que desde aquella tarde me quedó dando vuelta el “¡¡ guay al que rompa la cruz de las plazas…!!
Romero, criollo de corte único, da la impresión que nunca miente… nunca.