“La Princesa”: La tienda que tenía todo para la novia, menos el novio

Escribe: Julio A. Benítez – benitezjulioalberto@gmail.com

En las páginas 150/151 de la revista “75º Aniversario de AERCA”, el señor Rodolfo “Tito” Sanz recordaba un reconocido negocio de venta de ropa de mujer.

“La Princesa, destacado comercio de indumentaria para la mujer, comenzó sus actividades alrededor del año 1956 en un local instalado en la calle Buenos Aires 1156, frente a la Plaza Centenario, que fuera fundado por mis padres, Pedro y “Pitoca” Sanz. Don Pedro, después de desempeñarse como gerente de Los Vascos, decidió abrir su propio negocio.

En la tienda se comercializaba lencería, marroquinería, medias, indumentaria y, sobre todo, telas y accesorios para novias, haciendo popular la frase “Todo, todo para la novia, menos el novio”.

Las novias acudían al negocio para elegir lo que vestirían la noche de su boda, acompañadas por su madre, sus hermanas y el novio, el que sólo era consultado en el momento de pagar, pero la palabra, al definir la compra, era la de la modista.

Mi padre junto a mi hermano Pedro conformaban un excelente equipo de trabajo que no podía estar completo sin las extraordinarias vendedoras, entre las que podemos recordar a  Elvia y Luisa Gusmerotti, Nancy Fassi, Esther Graciela Ghisolfi, Ana María Mongi, Ana María y Cristina Cagnola, Stella Piva, Esther Mellano, Norma Hidalgo, Laura Folco, Adriana Cafaratti, Nora Cativelli, Sonia Coronel, Marta Hernández, Andrea Lucero, María Olimpa Soligon, quienes lograban que no se retirara nadie sin comprar.

En la parte contable colaboraba el Sr. Abel Aranda y en la confección de vidrieras los señores Arca y Oscar Ojeda. Considero que fueron miles las señoritas que se casaron con telas de La Princesa.

Local propio

Mi padre, luego de mucha dedicación y sacrificio compró su propio local en la calle San Martín 175, pero el traslado no fue inmediato, ya que primero se realizaron unas remodelaciones y luego instaló allí la vaquería Querova’s.

El local estaba ambientado y decorado al mejor estilo del lejano oeste, con una volanta y el techo de paja, ya que fue representante exclusivo de la marca Levi’s Strauss, que nos premió como el negocio más original para la venta de sus reconocidos productos en el interior del país. ¡Un gran orgullo! En la vaquería me acompañaban Pedro y “Pepo” Villasusso, dos grandes personas que aprecio mucho

En 1973, La Princesa se trasladó al nuevo local, pasando Querova’s al primer piso del mismo inmueble. Luego del traslado se renovó totalmente la tienda, pero para ello hubo que convencer a mi padre, a quien no le gustaban las improvisaciones por miedo de perder el prestigio que había ganado en el rubro.

Pero era momento de no sólo vestir a la dama, sino a toda la familia, los tiempos habían cambiado. Las mamás relegaban la compra de indumentaria para vestir a sus hijos. Las novias ya no invertían demasiado en sus vestidos. Mi padre aceptó el desafío y le fue muy bien, no sólo conservó su prestigio, sino que lo triplicó.

Con el negocio en su máximo esplendor lo sorprendió la muerte. Gracias Don Pedro, gracias Papá, un comerciante sensacional.

No puedo dejar de darles las gracias a sus colaboradores”.

NOTA: Las fotografías son de la citada revista.

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