Las “Tres A”: 600 muertes impunes en Córdoba

Años  73, 74, 75 y 76. No tengo bien en claro ni la fecha ni el lugar. Entiendo que fue en un cabaret de Caracas, allí el recordado y reconocido conductor televisivo y radial, Roberto Galán, (el de “Si lo sabe cante”) le presentó al General Juan Domingo Perón, una mujer, de líneas físicas bien marcadas, que bailaba en el lugar. Muchos años antes lo había contactado con otra amiga suya: Evita.

Escribe: Miguel Andreis

Lo llamaban el “Brujo”

El “viejo” andaba de capa caída. La Revolución Libertadora le perdonó la vida pero no lo quería en el continente. Había perdido el poder y la traición le mordía las vísceras.

Galán contaría después la diferencia entre ambas mujeres. “Creí que se trataría de un romance pasajero. Cómo me iba a imaginar que el General después de haber compartido años de existencia con Evita y todo lo que ella representaba, se iba a enganchar con María Estela (o Isabel). Al poco tiempo partieron rumbo a España y desde entonces nunca más se separaron”.

José López Rega, ex cabo de la Federal, y con aspiraciones a detentar poderes sobrenaturales de a poco se fue introduciendo en el matrimonio. Ella se sentía seducida por los “poderes” del mucamo-secretario. En los primeros tiempos, el general lo mandó a dormir en un altillo. Más tarde describirán que López Rega dominaba a ambos. A Isabel le encantaba la manera en que él le masajeaba los pies…

El rostro del Negro Atilio López, vicegobernador de la Provincia, estaba desfigurado de tantos impactos de bala. Lo mismo que gordo Juan José Varas (cuya compañera era de Villa María y daba clases en el Rivadavia. La Negra G.).

Habían viajado a Buenos Aires por cuestiones de Gobierno y se decidieron ir hacerle barra a Talleres. ¡Y los mataron estos hijos de pu…! – lloraba el Gobernador Obregón Cano. ¿¡Qué hicieron para que los boletearan, qué…!? El Gordo López, nunca dejó de vivir en su barrio y en su casa construida por un plan… ¿¡De qué lo podía acusar si no era de honestidad!?

La reciente detención del comisario Almirón en España se convirtió en una luz contra la impunidad.  En 1964, era inspector de la Policía Federal y participó en el asesinato en la boîte Reviens, de Olivos, de Earl Thomas Davies, un norteamericano de 23 años.

Fue exonerado de la policía. En 1973, cuando José López Rega asumió como ministro de Bienestar Social, lo convocó y reincorporó con ascenso. Ya la democracia pergeñaba un estado terrorista.

José López Rega acompañando a María Estela Martínez de Perón.

Los masacrados

Si bien no va a ser fácil explicarle a las futuras generaciones cuál era el verdadero nombre de la ex Presidente, si María Estela Martínez de Perón o Isabel Martínez, mucho más difícil será justificar la impunidad que los distintos gobiernos le permitieron durante tantos años a la misma.

Perón la puso de candidata a la vicepresidencia de la Nación porque no confiaba en nadie. Distintos biógrafos sostienen que quien más influyó para lograr esa fórmula fue precisamente el ex cabo. Y el país se llenó de votos con el nombre de Perón-Perón (Isabel). Es la imposición de los liderazgos.

El juez Oyarbide solicitó a la justicia de España su extradición. Una particular sensación (agradable) invade a un gran sector de la sociedad. Demasiada impunidad como para transformarse en una noticia más.

Para no pocos sonaba como impensado que un mismo gobierno de tinte Peronista fuera a hurgar una de las épocas más oprobiosas de la historia reciente de nuestro país. Difícilmente puede igualarse en un gobierno democrático tanta impunidad y poder como el que logró acumular López Rega.

El 25 de septiembre de 1974 se inundó Buenos Aires de volantes que indicaban: “Con la aprobación anterior o posterior de este Cuerpo Nacional Ejecutivo se han ejecutado los siguientes traidores a la Patria: Luis Alberto Macor, Horacio Irineo Chávez, Rolando Horacio Chávez, Carlos Ennio Pierini, Eduardo Beckerman, Pablo Horacio van Lierde, Alfredo Curutchet, Atilio López y Juan José Varas. Además de los atentados contra Silvio Frondizi y Raúl Laguzzi”.

En 1983, cuando asume la Presidencia Raúl Alfonsín, el peronismo detentaba la mayoría en ambas Cámaras, impusieron el “número” para que toda investigación sobre crímenes de lesa humanidad cometido por las Juntas, comenzara desde el 24 de marzo de 1976 en adelante. No desde 1974, etapa en que comienzan los asesinatos y desapariciones. Se indica más de 600 muertos y cerca de 1000 secuestros. Esas muertes quedaron impunes de toda impunidad.

Aquella que hiciera famosa la frase “atosigada”, aún con sus 75 años, no podrá negar su responsabilidad política en los crímenes cometidos por las Tres “A”.

Seguramente Roberto Galán, un peronista que debió pasar parte de su vida en el exilio por su identificación ideológica con la causa, nunca imaginó que aquella noche en Caracas estaba estableciendo una relación que con el tiempo se convertiría en uno de los mayores íconos de la degradación, violencia y muertes que hubo en el país.

Un grito sordo pidiendo Justicia suena a eco a lo largo y ancho del país.

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