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[León desbocado] No son exabruptos los de Milei: El insulto como lenguaje del poder
Destrato, desprecio, intolerancia, ataques verbales, calumnias, insultos como una forma de ejercer el poder. Milei hace escuela. Si vino a romper el molde de la política tradicional y pulverizar a una casta a la que demuele desde la boca para afuera, pero que necesita y usa para conseguir más poder, también ha roto con el paradigma de los exabruptos políticos.
Escribe: Germán Giacchero
Javier Milei no solo realizó más viajes en su primer año de gobierno que Mauricio Macri y Alberto Fernández -muchos de estos por intereses personales o sectoriales camuflados bajo agendas de temas de estado-. También ha dicho más barbaridades, insultos y atrocidades verbales que todos los presidentes de la democracia juntos.
Milei hace escuela. Si vino a romper el molde de la política tradicional y pulverizar a una casta a la que demuele desde la boca para afuera, pero que necesita y usa para conseguir más poder, también ha roto con el paradigma de los exabruptos políticos.
Esas torpezas discursivas y atrocidades verbales que lanzan nuestros dirigentes y funcionarios como dardos incendiarios y luego son justificados, minimizados o vienen con pedidos de disculpas travestidos o debilitados.
El presidente argentino viene generando un oceánico vocabulario de groserías desde su época de panelista televisivo hasta su pretendida condición de líder mundial del universo libertario.

Desde su asunción en diciembre de 2023, a finales de febrero de 2025, el Presidente pronunció al menos 1.051 insultos, descalificaciones o ataques en discursos, entrevistas y redes sociales, con un promedio de 2,4 por día, según un relevamiento del Centro de Datos del portal Chequeado.
“Casta”, “mentiroso”, “zurdo de mierda”, “econochanta”, “violento”, “siniestro”, “pedófilo”, “liliputiense”, “sorete”, “excremento”, “basura”, “ensobrado”, “woke”, “mandril”, “impresentable”, “rata”, “kuka”, “esbirro”, “puta”, “repugnante”, “mierda”, “pautero” y “extorsionador”, son solo algunos ejemplos de su prolífico glosario francotirador.
Motosierra y ametralladora
Milei no tiene solo una motosierra, de la cual le gusta hacer gala, también posee una ametralladora automática para disparar a sangre fría sus exabruptos de siempre.
Destrato, desprecio, intolerancia, ataques verbales, calumnias, insultos como una forma de ejercer el poder. Parece que la sociedad ha flexibilizado los límites de su estómago para digerir semejantes barbaridades de boca de un presidente de la Nación. Sí, le pese a quien le pese, debería dar el ejemplo.
¿Porque antes gobernó el kirchnerismo debemos soportar cualquier cosa que salga de la boca de Milei?
“El insulto forma parte de un capítulo de lo que se denomina discursos de incivilidad, que tienen que ver con el agravamiento del tono de la comunicación política. Parten generalmente desde la descortesía, avanzan hacia la descalificación o la humillación, y terminan finalmente en la negación de la identidad del otro”, explicó a Chequeado Mario Riorda, consultor en estrategia y comunicación para gobiernos y partidos en América Latina.

El resto del arco político avala con su silencio o con sus aplausos los exabruptos que no son tales para el líder libertario. Es que no reconoce que hayan sido exabruptos productos de estados alterados.
Una buena parte de la sociedad también hace lo propio por convicción, conveniencia, resignación o largas esperanzas basados en una inflación en baja y una baraja de promesas que, al menos por ahora, no pasan de eso.
El único exabrupto reconocido a medias por el Presidente no fue destinado a los periodistas, a los opositores, a artistas, a los médicos del Garrahan o a un niño con autismo tapizado con el mote de kirchnerista como una descalificación.
Ocurrió cuando promovió la cuasiestafa cripto de Libra. A medias, reconoció que no estaba tan al tanto, lo que resulta aún peor y revela su alta irresponsabilidad.
Devaluación discursiva
Hubo un tiempo que estar enrolado en las filas del menemismo era lo más, lo máximo a lo que se podía aspirar en un determinado tiempo político. El calificativo menemista pasó a convertirse en mala palabra en unos pocos años.
Al delarruismo le sobró incapacidad y le faltó tiempo para ganar adeptos. De la gloria de principios del siglo 21, el mote de kirchnerista pasó tener una connotación negativa, sobre todo en tiempos de mileísmo transformado en un insulto cotidiano para cualquier expresión disonante con el discurso oficial.
Pero, cuidado que a todos les llega el triste e irremediable final y lo que era un símbolo de estatus o poder terminará convirtiéndose en una expresión de mal gusto.
Pasó con las mieles de la convertibilidad del menemato, la década ganada de Néstor y Cristina, la malograda revolución de la felicidad de Mauricio Macri y también pasará irremediablemente con el aluvión de la libertad.
Cuidado, porque deberán estar preparados cuando la palabra libertario se convierta en motivo de burla, desprecio o insulto. A todos, al final, les llega el vuelto.
Del “kuka” al “libertario” hay un solo paso, varios traspiés y unos pocos años.

Pasos peligrosos
El exabrupto, por lo general, es minimizado por propios y ajenos, justificado como algo anecdótico, que dio para la risotada y nada más. Eso también es lo peligroso. De la intolerancia al autoritarismo no hay más que un solo paso.
Esta lamentable práctica cotidiana entre nuestros dirigentes es la peor pedagogía para construir ciudadanía, participación y una sociedad menos violenta.
Esta peligrosa tendencia viene desde hace rato, la pedagogía del exabrupto hace escuela. El lenguaje grosero, la guarangada discursiva, el ataque verbal sin sentido se han transformado en hábitos comunes entre nuestra clase dirigente. Pero también ha hecho metástasis en hogares, calles y colegios.
Y la agitada lengua del presidente es el mejor ejemplo de lo peor en la materia.
Con la pedagogía del exabrupto, de la violencia simbólica y concreta, del mal ejemplo, no vamos a aprender nada. Nadie puede justificarlo, haya argumentos más válidos o no para sostenerlo.
Claro, que peor que lo dicho, podrían ser los hechos en sí. Si causa preocupación lo que afirma Milei, imaginemos lo que realiza, ejecuta o hace en términos concretos.
Alarmémonos por los frutos de su lengua filosa, pero estemos en alerta por las decisiones que tome y las consecuencias que tengan en la realidad.
Aceptar cualquier exabrupto, que la agresión verbal se convierta en una cuestión de rutina, es el primer paso para admitir mayores niveles de violencia que quedarán enquistados en nuestra vida cotidiana.
De ahí al escrache, al atentado contra la vida humana, no habrá más que un solo paso.