[Lucha de Maridajes] Helados versus vinos: Difícil, pero se puede

 

El helado “moderno” nace en 1660, cuando el italiano Procopio inventó una máquina que homogeneiza las frutas, el azúcar y el hielo, con lo que se obtenía una verdadera crema helada, similar a la que hoy conocemos. La mayor parte de las preparaciones a base de productos lácteos, maridan mejor con vinos blancos. No obstante, la crema helada tiene tres particularidades: el exceso de azúcar, una textura especialmente untuosa y el frío.

Un vino blanco y seco será soso y verde. La acidez del blanco seco es útil para compensar la untuosidad del helado, pero no es buena para el azúcar.

Brindará la sensación de no sentir nada y cierto amargor desagradable. La única forma de evitar ello es la amplificación del azúcar por el azúcar.

Para ello debemos maridar con un vino que a la par que aporta azúcar aumenta su vivacidad. Podríamos optar por los blancos “azucarados”, o licorosos, que presentan estas características.

Menos azucarados y menos grasos que las cremas heladas son los sorbetes requiriendo de contrastes menos intensos.

Va bien con vinos rosados. Aportan la vivacidad necesaria para equilibrar la suavidad del sorbete, sus aromas afrutados intensificarán al sorbete provocando una explosión de frescura y dulzor agradable.  

El sorbete es un postre helado que se diferencia del helado porque no contiene ingredientes grasos ni yema de huevo. Por esta razón su textura resulta menos firme, más líquida y menos cremosa que la del helado.

Recopilación bibliográfica a cargo de Un Mundo De Alimentos (Allasia,H.; Tco. Ing. Y Mg. –  Lechería y Alimentos) www.unmundodealimentos.com.ar

También podés ver:

 [Lucha de Maridajes] Tabla de quesos versus mojito de frutillas

 

 

Fuentes: decataencata.com, vinos55.rssing.com

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