[Luis Luján presenta] La hamaca que se mecía… sola

Escribe: Prof. Luis Luján

Cuando de fantasmas se trata, nada más digno que traer a la memoria la obra de Oscar Wilde, El fantasma de Canterville, ese curioso ente fantasmal que no asustaba a nadie. Pero, obviamente, es un relato dentro de la ficción literaria.

Si alguien osa en describir a un fantasma, seguramente caería en la descripción tradicional de esos seres con sábanas blancas volando por los aires, o se referirá al famoso Gasper, también blanco, y debe ser porque alguien les puso color a las almas.

Pero estamos en siglo XXI y los fantasmas parecen haber pasado de moda, como las brujas, o el viejo de la bolsa, mientras que en la pantalla aparecen otros motivos del terror, como los vampiros muy sociables, o los zombis come cerebros.

Pero qué lejos estamos de esa realidad, porque en la ciudad de Villa María hubo un hecho sobrenatural que mantuvo en vilo a sus habitantes y por varios meses, que perdurará en la memoria colectiva por siempre.

La hamaca que se mecía… sola.

El curioso hecho sucedió en un barrio periférico de la ciudad, lejos del centro, pero muy antiguo, conocido como “Las Playas”. Hace más de cincuenta años atrás sus habitantes se sentían no pertenecer a esa ciudad porque los servicios municipales no les llegaban, a pesar de que los mismos tributaban sus impuestos. Existía un vínculo de unión entre ese barrio y el centro de Villa María, el recordado trencito de las playas, cual hoy sólo vaga en los recuerdos.

Hoy tienen otro motivo más para recordar. Quizás el ícono del barrio sea su plaza, la que se encuentra muy bien arbolada, acompañada de unos cuantos juegos de niños, como hamacas y trampolines. Y es justamente en estos juegos en donde se dio el suceso.

En un travesaño colgaban tres hamacas en donde todas las tardes se llenaba de niños a jugar en ella. Las mismas llevaban muchos años allí, pero cierto día del año 2011, todo el barrio quedó perplejo al ver lo ocurrido. La hamaca que estaba en el extremo izquierdo comenzó a columpiarse sin que nadie lo hiciese.

Los vecinos de la plaza comenzaron a ver esa extraña oscilación y corrieron la voz por todo el barrio

Los vecinos de la plaza comenzaron a ver esa extraña oscilación y corrieron la voz por todo el barrio. Muchos detuvieron el movimiento de la hamaca, pero de la inercia total nacía nuevamente el movimiento. Nadie encontró respuesta a esto y muchos comenzaron a asustarse.

Cuando alguien avisó al medio gráfico de Villa María, el hecho se divulgó por todas partes, y todos los medios de comunicación sacaron la noticia. Entonces muchos pudieron testificar el suceso, inclusive, con filmaciones.

El hecho había pasado a ser tan natural que nadie se asustaba, durante el día. Pero cuando llegaba la noche, la oscilación aumentaba vertiginosamente y el crujir de las cadenas creaba cierto pánico a los vecinos que vivían frente a la plaza.

La hamaca pareció enloquecer y tomó una velocidad muy inusual

Lo curioso de todo esto fue cuando el sacerdote de la capilla, que se encuentra a escasos cincuenta metros de allí, decidió hacer una procesión con la virgen alrededor de la plaza.

Fue ahí donde todos comprendieron que había una causa sobrenatural en ese movimiento, pues, cuando pasaron muy cerca la imagen de la virgen, la hamaca pareció enloquecer y tomó una velocidad muy inusual.

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Todo eso conllevó a que una universidad de Villa María estudiara el fenómeno llegando a la conclusión de que existía cierto defecto en los eslabones de las cadenas que sostenían la hamaca y decidieron recortarles unos quince centímetros, y la misma abandonó su oscilación y todos quedaron satisfechos, pero sólo por un tiempo.

No habían pasado más de quince días cuando la hamaca comenzó a moverse nuevamente. Las sospechas regresaron al corazón de los vecinos porque sostenían que un ente sobrenatural los provocaba.

Una imagen borrosa con figura humanoide que se mecía en la hamaca en cuestión

Y para sorpresa de todos, cierta tarde un visitante curioso tomó una fotografía de esos juegos, y al observar su cámara, el lente había capturado una imagen borrosa con figura humanoide que se mecía en la hamaca en cuestión.

Muchos recordaron una tragedia que había sucedido años atrás en una esquina de la plaza, en donde un niño perdió la vida en un trágico accidente. Nadie pudo confirmar que el fantasma que movía ese juego era el espíritu del niño.

La solución que encontraron fue sacar de la plaza esas tres hamacas. Ya no hay juego para ese espíritu, pero cuando los niños juegan en la plaza, especialmente en horarios nocturno, suelen observar algunos movimientos extraños de ramas de árboles, sombras o simplemente voces que provienen de la nada.

Tal vez ese fantasma esté buscando a un compañerito con quien jugar.

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