[Música e Historia] La guerra, Rusia, Napoléon y una creación de Tchaikovski, la “Obertura 1812”

“El único refugio contra todos los horrores de la guerra estaba allí a su alcance”

Escribe: Leo Muñoz

Obertura 1812, Opus 49

La obra creada en 1880 por Piotr Ilich Tchaikovsky (1840-1893) celebra la victoria de las armas rusas sobre la invasión napoleónica de 1812.

Fue estrenada en Moscú durante 1882, la obertura llega al punto de intensidad en que usa hacia el final el repique de campanas y disparos de cañones. Es una expresión épica del triunfo eslavo, de la “Madre Rusia”, sobre el poder occidental encarnado en la “Grande Armée” de Napoleón Bonaparte.

La última obra de Tchaikovski fue la Sinfonía nº 6 en si menor, opus 74, titulada “Patética”. También creó ballets que son clásicos del arte, “El lago de los cisnes”, “La bella durmiente” y el “Cascanueces”.

La obertura 1812 del genio literario Piotr Ilich Tchaikovsky.

Invasión a Rusia

Derrotada la Quinta Coalición, Napoleón firmó alianzas con Prusia y Austria, entonces se dispuso a invadir Rusia, con intención de frenar las ansias expansionistas del zar Alejandro I en Europa Oriental.

La muy complicada campaña, con tropas mal abastecidas, multiplicaría dificultades hasta la entrada en Moscú de los franceses. Pese a esto, el Zar no se doblegó ante Bonaparte. El frío ruso llegó, el Gran Ejército se vio obligado a retroceder, la retirada se transformó en derrota, finalmente en huida.

Trece décadas después, el ejército del Tercer Reich fracasaría ante el coloso soviético junto las puertas de Moscú, haciendo eco de 1812.

La Guerra y la Paz

Lev Nikoláievich Tolstói (1828-1910) es considerado el escritor de la más grande o una de las mayores novelas de la literatura universal, su obra maestra “Guerra y Paz”.

Narra a través de cuatro familias la vida rusa a principios del Siglo XIX, enmarcada con las guerras napoleónicas y la invasión de 1812, escribiéndola entre 1865 y 1869.

Participó en la guerra de Crimea, siendo testigo de las decenas de miles de muertos y heridos en el sitio de Sebastopol, lo que le enfrentó cara a cara con la brutalidad de la batalla.

Como pocos escritores pintó literariamente la época de los zares, de hecho “Guerra y Paz” es la novela nacional rusa. Otra de sus grandes obras es “Ana Karenina”.

Final de la obertura con salva de cañones.

“Obertura 1812” (P. Tchaikovsky)

“Guerra y Paz”, Capítulo XXX

(Fragmento del relato de la Batalla de Borodino, 7 de septiembre de 1812)

“El único refugio contra todos los horrores de la guerra estaba allí a su alcance, en la batería, y Pedro, aún sin saber lo que hacía, corrió en su busca.

Cuando entró en ella se dio cuenta de que no se oían los cañonazos, y vio a unos hombres que estaban atareados. No tuvo tiempo de comprender quién era aquella gente. El coronel estaba tendido sobre la muralla, vuelto de espaldas a él, como si estuviese mirando algo por encima del parapeto, y un soldado, agitándose entre los brazos de los que le sujetaban, gritaba: ¡Hermanos!

Pedro aún no había tenido tiempo de comprender que el coronel estaba muerto y que aquel que pugnaba por desasirse de los que le tenían sujeto era un prisionero. Tardó también mucho en darse cuenta de que ante sus ojos yacía otro soldado, muerto de un bayonetazo que le salía por la espalda.

Apenas había tenido tiempo de llegar a la trinchera, cuando un hombre delgado, con la cara lívida, chorreando sudor, con uniforme azul y con la espada en la mano, corrió hacia él gritándole algo. Pedro, con un movimiento instintivo de defensa, sin distinguir bien a su adversario, lo agarró por el uniforme con una mano y con la otra le oprimió cuello. E l oficial francés soltó la espada y cogió a Pedro por el traje.

Durante unos segundos los dos se miraron con ojos desorbitados, perplejos, como si no supieran ni el uno ni el otro lo que tenían que hacer. ¿Soy yo el prisionero o es él? pensaba cada uno de ellos. Sin embargo, el oficial francés pareció inclinarse a la idea de que el prisionero era él, porque la mano vigorosa de Pedro, impulsada por el miedo, le iba oprimiendo el cuello cada vez con más fuerza. El francés quería decir algo, pero, de pronto, una bala silbó siniestramente, casi rozando sus cabezas, y Pedro tuvo la sensación de que la bala se había llevado la cabeza del francés por la rapidez con que éste se inclinó. Sin preguntarse quién era el prisionero, el francés se dirigió hacia la batería y Pedro emprendió el descenso de la fortificación, tropezando con los muertos y con los heridos, que parecía que le cogían las piernas.

Todavía no había llegado abajo cuando chocó con una masa compacta de soldados rusos que subían corriendo, cayéndose por el suelo, empujándose y profiriendo gritos alegría. Era aquel ataque cuya gloria se atribuyó Ermolov diciendo que únicamente su decisión y su valor podían producir un acto heroico.

Los franceses que ocupaban la batería huyeron.

Las tropas rusas, a los gritos de ¡Hurra!, penetraron tan profundamente en las baterías francesas, que fue muy difícil contenerlas. En las baterías fue hecho prisionero, entre otros muchos, un general francés herido al que rodeaban sus oficiales.”

También podés leer:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *