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[Opinión] No hay personas tóxicas, sí comportamientos y relaciones poco saludables
Escribe: Lic. Noelia Benedetto (*)
Los que me conocen saben que cuando una publicación contiene “tóxico” para catalogar a las personas y conductas la dejo de leer. Es un término de autoayuda barata y no de salud mental, se aplica indiscriminadamente en explicaciones superficiales de la conducta que terminan responsabilizando a las otras personas de todos sus problemas.
Cristina Roda Rivera plantea que llamar tóxico a alguien no es inocuo, puede ser un ataque muy serio, un insulto cruel disfrazado de la autoridad moral que puede darte haber ojeado livianamente libros de autoayuda.
El término tóxico es fácil, popular y comercial, tiene fuerza por lo venenoso de su resonancia. En el imaginario, alude a una sustancia de color variable, pegajosa, inflamable y con la que hay que tener cuidado.

Cuando decimos que algo es tóxico estamos diciendo que no es digno de confianza, que contamina unilateralmente, que es dañiño.
«Persona tóxica» es una etiqueta fácil de colocar cuando se da una disputa, ya que coloca toda la responsabilidad negativa del enfrentamiento en el otro.
No es una etiqueta científica
Hay personas que no pueden ver a «la toxicidad» como el resultado o como una reacción a una situación entre varios implicados, piensan que es una característica «a priori» ya poseída por alguien. Quien coloca la etiqueta ignora que «la toxicidad», en caso de existir, tiene una historia siempre social y vincular.
El término “tóxico” no es una etiqueta científica. No hay estudios de toxicidad, hay estudios de comportamientos que después se han etiquetado como tóxicos, a posteriori y sin hacer operativas muchas de las variables que causan estos comportamientos.

No hay personas tóxicas, solo relaciones, dinámicas o comportamientos poco saludables o que generan malestares, y toda persona o vínculo es potencialmente saludable o poco saludable en algún momento de su trayectoria vital.
Se aplica indiscriminadamente a personas con conductas violentas, disociales, pesimistas, negativas, ansiosas, eufóricas, deprimidas, todo lo que no sume a la “happycracia” (término acuñado por Illouz y Cabanas) es tóxico.
Decir que una persona es tóxica solo señala que es dañina o potencialmente dañina. No dice en qué sentido es peligrosa, a qué aspectos afecta, cómo nos podemos proteger y menos la manera en la que podemos ayudar a la persona hacia la que viaja esta etiqueta.
(*) Psicóloga y sexóloga