Trump, Milei y la campaña del miedo: Más que honestidad brutal, brutalidad a secas  

Escribe: Germán Giacchero

En una reciente carta abierta, el premio Nobel argentino Adolfo Pérez Esquivel, le recordaba a la venezolana Corina Machado, reciente ganadora de la misma distinción, que “Estados Unidos no tiene aliados, ni amigos, sólo tiene intereses”.

Los dueños del poder siempre hacen lo que quieren. Y dicen lo que se les canta. A veces, descerrajan mentiras piadosas o niegan una elocuente verdad, pero otras tantas se les da por hacerse los honestos de manera brutal.

Pero, esa honestidad brutal no es un acto de sinceridad extrema, aunque lo parezca en principio. Es apenas una máscara que oculta cinismo, hipocresía y amenazas directas para amedrentar, consolidar una posición favorable a sus intereses o intentar cambiar el curso de las cosas que van en el camino contrario a sus supuestas buenas intenciones.

Las recientes palabras del presidente estadounidense Donald Trump, tras la reunión con su par argentino Javier Milei forman parte de un mecanismo de ataque frecuente del poder real, cuando ve amenazados sus beneficios.

La extorsión a viva voz es solo una muestra de los mecanismos utilizados para la dominación de los más débiles y los más porfiados.

“Si Milei pierde con un candidato de extrema izquierda, no vamos a ser generosos con Argentina”.

“Si un socialista o un comunista gana, te sentís diferente sobre hacer una inversión».

“Nuestros acuerdos están sujetos a quién gane las elecciones”.

Milei fue a la Casa Blanca a negociar el «salvataje financiero» del Tesoro norteamericano, en busca de verdes billetes que oxigenen la economía al menos por unas semanitas.

Pero, su aliado del Norte le clavó el taco y le puso los puntos. “Tenés que ganar”. Y también, por elevación, al electorado argentino: “Tienen que votar a Milei, si no, no habrá dólares y la crisis se profundizará y deberán ir a cantarle a Gardel.

Exabrupto trumpista o no, porque después tuvo que aclarar que se refería a las legislativas, el poder en serio se maneja así.

Los mercados siempre tan atentos y sensibles con el prójimo se habían asustado por esas declaraciones, y hubo que salir a calmar la tibia tempestad levantada por Trump.

“No vamos a obviar lo que está pasando. Hay una oportunidad concreta de consolidar reformas y vínculos duraderos”, sentenció el secretario del Tesoro yanqui Bessent.

Volvieron las relaciones carnales de la década menemista. Y las campañas del miedo nunca se terminaron.

Pero, esta intromisión directa en los asuntos políticos y electorales de un país soberano, no es un hecho aislado. Sobran los ejemplos.

Otro caso de supuesta honestidad brutal al estilo Trump, pero con menos anestesia, fue el exabrupto del financista internacional George Soros, uno de los tipos más ricos del mundo, en junio de 2002.

Argentina estaba en jaque con los coletazos de la explosión de diciembre de 2001. Brasil también permanecía sumida en una crisis política y económica y se preparaba en un contexto difícil para elegir a su próximo presidente en octubre de aquel año.

Cuatro meses antes de que el electorado eligiera a Luiz Inácio Lula da Silva en segunda vuelta, Soros ya había dicho a quién no debían votar los brasileños. Es más, los había ninguneado con que ellos no votaban en una entrevista periodística.

«Brasil está condenado a elegir como presidente a (al candidato oficialista José) Serra o a sumergirse en el caos».

«Si gana Lula, Brasil se hundirá en el caos».

«Los mercados ya tienen a su candidato».

«En el capitalismo moderno, global, sólo votan los norteamericanos; los brasileños no votan».

«En la Roma antigua, sólo votaban los romanos».

Por supuesto, como era previsible, subieron el dólar y el riesgo país. Sensibilidad extrema de los abanderados del mercado.

Lo dicho por Soros no difería demasiado de lo mencionado entonces por otro de los profetas del poder financiero mundial.  Paul O´Neil, secretario del Tesoro de Estados Unidos de la época.

Dijo hace más de 20 años, pero es como si Blessent lo estuviera diciendo hoy, que el Fondo Monetario Internacional no pensaba poner un solo dólar más en ese país debido a «la inestabilidad política».

Una farsa discursiva, ya que todos sabemos o sospechamos que los organismos de créditos y los sectores financieros internacionales son actores principales en esta compleja trama de confusión y caos social, económico y político del que fue o es víctima todo el continente.

La incontinencia verbal de Trump como la de Soros desnuda la hipocresía de los dueños del planeta y desenmascara la retórica publicitaria y el sentido práctico de las grandes corporaciones que se apropian progresivamente desde seleccionados de fútbol hasta estados nacionales.

Sus palabras suenan más a una cruda advertencia que a un acto de conciencia. Se constituyen en un factor de desestabilización antes que, en un imperativo de consenso, de búsqueda de soluciones.

Más que honestidad brutal, brutalidad a secas.

Ya se sabe que “Estados Unidos no tiene aliados, ni amigos, sólo tiene intereses”.

Por suerte, algunas cenizas de libre elección quedan al momento de ir a votar.  

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