[Historias] Una fuga por la niebla del Riachuelo

“Niebla del Riachuelo” fue compuesta a pedido por el director Luis Saslavsky, conocido como “el poeta del cine” quien necesitaba un tema que cuadrase con los lineamientos de su película “La Fuga” y le calzara bien a Tita Merello, estrella protagonista del film.

Escribe: Julio A. Benítez – benitezjulioalberto@gmail.com

Luis Simón Saslavsky, que nació en Rosario el 21 de abril de 1903, fue director de cine y guionista, dirigió 21 películas y ejerció la profesión de crítico cinematográfico.

Sus conocimientos del argot tanguero le hicieron pensar qué canción porteña podría ser algo que llegara de lleno al público deseoso de ver películas espectaculares en la década de 1930.

Y he aquí que, caminando a orillas de la zona del Riachuelo y molesto e incómodo por la neblina omnipotente producida por las aguas en su constante camino hacia el Río de la Plata, aquel pensamiento se hizo realidad y en ese momento se puso a trabajar.

El tema del film ya lo tenía in mente, un contrabandista mujeriego, que interpretaría Santiago Arrieta, era perseguido por un policía, encarnado por Francisco Petrone.

La idea de Saslavsky era que el contrabandista, al escapar escuchara un mensaje musical tanguero que le permitiera saber por dónde tenía que ir para no ser detenido.

Boteros en el Riachuelo (Archivo General de la Nación).

Inmediatamente pensó en quienes en esos momentos eran los clásicos creadores de tangos para todos los gustos: Juan Carlos Cobián y Enrique Cadícamo, a quienes entrevistó y les hizo conocer qué precisaba de ellos.

No era fácil, pues el director de cine ya había titulado la película, como “La Fuga”, y mezclando pensamientos y lugares creyó que lo mejor sería un tango referido a la neblina de la zona.

Y además la figura femenina elegida por don Luis era nada menos que Tita Merello, quien cantaría ese tango-mensaje con su manera arrabalera, tan particular de cantar.

Riachuelo en las canciones

Corría el año 1937 y no fueron pocos los títulos del acervo tanguero que no estuvieran en el imaginario poético que inculcaba el Riachuelo y fue así que los directores musicales compusieron el tango “Niebla del Riachuelo”, que resultó ideal para las condiciones artísticas y de excelente cantora como lo fue Tita Merello.

Por ese tiempo, Buenos Aires estaba afectado por un fenómeno inusual que siempre cubre con tinieblas todo su territorio, esas brumas que asombran a tantos y que son la atmósfera frecuente de esa zona donde los hedores se levantan y las neblinas le dan a la postal ribereña un rictus espectral.

Una postal del Riachuelo con el puente Avellaneda.

Acaso “Niebla del Riachuelo” sea el título que mejor define esa conjugación que se ancla en esas orillas protagonistas de la postal, ya que sus acordes de letra desgarrada inmortalizaron ese diálogo entre el amor trunco empatizando con la noche larga y las profundidades turbias de este fondeadero.

“Turbio fondeadero donde van a recalar, barcos que en el muelle para siempre han de quedar… Sombras que se alargan en la noche del dolor, náufragos del mundo que han perdido el corazón”

Don Juan, el taita del barrio, Riachuelo, orillas del Plata, La Vuelta de Rocha, Cuando llueve en la Ribera, Silbando, En la Ribera, Puente Alsina, Talán Talán, Brochazos y Barcarola del Riachuelo son algunos de los títulos que se han referido a esa zona donde el estuario hacia el Río de la Plata está enmarcado por el Puente Transbordador Nicolás Avellaneda, los boteros que cruzan al Dock Sud y los conventillos bulliciosos que le dieron sonido a Vaccarezza.

En el Siglo XXI no todo cambió, aunque, ahora, caminar por Necochea rumbo a la costa solo sea un derrotero entre las ruinas de esas cantinas que ya no son.

“Puentes y cordajes donde el viento viene a aullar, barcos carboneros que jamás han de zarpar, torvo cementerio de las naves que al morir sueñan, sin embargo, que hacia el mar han de partir”.

Era habitual que, durante la primera mitad del siglo pasado, las producciones de esa llamada “época de oro” del cine nacional, contaran con algunos temas que formaban parte del entramado dramático del guión.

Esta posibilidad no implicaba que se tratase de un film musical, pero, modalidad de los tiempos, el público esperaba que los protagonistas entonaran algún estreno ad hoc. Algo similar sucedía en la famosa revista porteña, donde siempre una figura (llamada “atracción” en la jerga del género), interpretaba una canción a modo de estreno.

 “Niebla del Riachuelo”, amarrado al recuerdo, te sigo esperando, niebla del riachuelo, de ese amor para siempre me vas alejando. Nunca más volvió, nunca más la vi, nunca más su voz nombró mi nombre junto a mí. Esa misma voz que dijo adiós”

Finalmente, en una tarde de invierno, los autores le hicieron escuchar la nueva creación al realizador de La Fuga. Se dice que, luego de varios minutos de silencio, Saslavsky se levantó y abrazo a Cadícamo y Cobián y, emocionado por lo que acababa de escuchar, dijo “Exacto, está escrita para que la cante Tita”.

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Fuente: La Nación

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