[Historias] El misterioso robo del avión que nunca apareció

Después de 21 años, sigue sin esclarecerse el misterio del robo de un Boeing 727, descartándose que hubiera sido un acto de terrorismo, pero jamás se supo nada del avión ni de sus tripulantes.

Escribe: Julio A. Benítez – benitezjulioalberto@gmail.com

El avión, identificado con la matrícula N844AA, tenía un historial que abarcaba desde su construcción en 1975, operado por American Airlines, hasta su último uso previsto antes de la insólita desaparición: transportar combustible líquido destinado al uso en minas de diamantes por parte de IRS Airlines (aerolínea de Nigeria).

Pero, finalmente quedó en tierra debido al atraso del acuerdo con la compañía nigeriana para este nuevo uso. La empresa Aerospace Sales and Lessing, propietaria del avión, había iniciado un proyecto de restauración con el fin de venderlo, sin saber que culminaría en un enigma internacional.

Los protagonistas

Los protagonistas de este desconcertante robo fueron Ben C. Padilla, piloto e ingeniero de vuelo estadounidense, y John M. Mutantu, mecánico de aviones de la República de Congo. Ellos estaban a cargo de su restauración, contratados por Aerospace Sales and Lessing.

A pesar de la experiencia de Padilla, ninguno de los dos poseía la certificación para pilotear un avión, que normalmente requiere tres personas entrenadas para su operación segura. Sin embargo, nada les impidió despegar sin autorización y ellos mismos quedar envueltos en un misterio aún indescifrable.

En un incidente que permanece como uno de los misterios sin resolver en la historia de la aviación, el avión fue robado el 25 de mayo de 2003 de la pista del aeropuerto Quatro de Fevereiro en Luanda, Angola, por dos hombres sin las habilidades necesarias para operar una aeronave de esa magnitud y que contenía significativa cantidad de combustible, que despegó hacia el sureste del Océano Atlántico y desapareció.

No volvió a ser localizado, al igual que los individuos implicados en el inexplicable robo. La torre de control intentó comunicarse con Padilla y Mutantu, sin recibir respuesta.

Maniobraron erráticamente y con las luces apagadas, luego fueron a una pista sin habilitación y despegaron. Comenzaron el vuelo con 53 mil litros de combustible, que permitía un alcance de aproximadamente 2.400 kilómetros.

No se sabe con exactitud cuántos kilómetros recorrieron, pero sí se informó que pidieron permiso para aterrizar en las Islas Seychelles (archipiélago africano). Lo extraño es que la distancia desde donde salieron a esas islas es de alrededor de 5.149 kilómetros, es decir que tendrían que haber cargado combustible en otro país, pero no hay registro de ello, pese a que en un momento se les concedió para bajar a tierra, pero no hubo respuesta ni tampoco aterrizaron.

Los motivos

La intriga creció en torno al motivo que impulsó a Padilla y Mutantu a embarcarse en tal operación, así como a las circunstancias exactas detrás de la desaparición del avión.

Las investigaciones llevadas a cabo por el FBI y la CIA, se enfocaron en determinar si fue un acto de terrorismo, pues estaba latente el ataque a las Torres Gemelas del 11 de setiembre de 2001. No pudieron determinar que pasó después de que el avión cruzara el Océano Atlántico.

La comunidad internacional sigue sin respuestas definitivas sobre el destino de dicho avión y de sus inusuales secuestradores, en uno de los capítulos más extraños del mundo de la aviación y del crimen internacional.

Existe la posibilidad de un presunto fraude a la compañía de seguros orquestado por Maury Joseph, CEO de la compañía, conocido por antecedentes financieros dudosos y luego un posible accidente ocurrido en el Océano Atlántico, pero este caso permanece sin resolverse y la investigación oficial fue cerrada en 2005.

Tampoco ha dejado rastros de restos del avión que pudiesen haber salido a la superficie del Atlántico.

A los seis meses de su desaparición se reportaron avistamientos de un avión en Nueva Guinea, con la descripción del robado, pero nunca fueron confirmadas.

Teorías y conjeturas sin fin, que aún continúan.

Fuente: Infobae

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