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Justicia injusta: la otra grieta entre pobres y poderosos
Lo menos que se le puede pedir a la Justicia es que sea justa. Porque los hechos cotidianos suelen reflejar lo contrario. A través de sus fallos, acciones y omisiones no solo demuestra la sensación de injusticia. También desnuda la carencia de criterios de equidad e igualdad. Desde las sentencias a prisión por robar unos pocos pesos hasta los arrepentidos Vip o las absoluciones por el paso del tiempo sin condena firme o por prescripción de la causa, hay un largo camino de injusticia e impunidad.
Escribe: Germán Giacchero
“Señora de ojos vendados, / con la espada y la balanza/ a los justos humillados/ no les robes la esperanza. / Dales la razón y llora/ porque ya es hora”. (“Oración a la Justicia”, María Elena Walsh)
Hace unos pocos años, un joven de 29 años fue condenado por la Cámara del Crimen de Villa María a un año, cinco meses y dieciocho días de prisión, por los delitos de hurto en grado de tentativa y resistencia a la autoridad. Entre otros hechos, había sustraído una llave de auxilio de una chata.
El expresidente Carlos Menem había sido condenado a 7 años de prisión en la causa iniciada en 1995 por tráfico de armas a Ecuador y Croacia. Nunca cumplió su condena, porque la Justicia paseó, cajoneó o evadió la causa a lo largo de 23 años. Tras ese plazo, la Cámara Federal de Casación Penal lo absolvió tras considerar que no se cumplió el «principio del plazo razonable» para arribar a una condena firme.
En marzo de 2015 en la provincia de Mendoza, un muchacho de 21 años había sido condenado a cinco años de prisión por haber amenazado con un cuchillo y golpeado a un joven de 19 años para robarle 5 pesos.
Hace unas semanas, la Justicia le otorgó la prisión domiciliaria a Enrique Blaksley, acusado de haber ejecutado la mayor estafa de la historia argentina. Unos 300 ahorristas y pequeños inversores habrían perdido 1.500 millones de pesos en valores de 2017 mediante un fraude orquestado mediante el esquema Ponzi o sistema piramidal. Preso desde 2018, le impusieron una fianza de 450 millones de pesos. Cifra algo irrisoria para la querella, en relación a las ganancias obtenidas con su presunta estafa.
Los contrastes de las decisiones judiciales y la severidad con que se castigan unos delitos, mientras se ignoran o minimizan otros resulta desmoralizante, vergonzoso y patético.

Justicia injusta
Justicia injusta. Injusticia. Es mucho más que un juego de palabras. Más bien se trata de una sensación real generalizada. No de quienes pretenden que la Justicia resulte buena más que justa y se acomode a sus propios intereses personales o sectoriales. Sino de quienes continuamos en la sala de espera en busca de que sea equitativa, igualitaria y oportuna.
Por lo visto, los palacios judiciales aún tienen mucho por demostrar que se están sacando las telarañas de encima y que no resultan tan susceptibles a las garras de los todopoderosos. Hasta ahora, más allá de algunos esporádicos cosquilleos de frescura que nos brindan los tribunales, asistimos a una pomposa puesta en escena con la actuación estelar de una Justicia injusta, lenta, oportunista más que oportuna, parcial, interesada, sensible a las voces de mando y alejada de las necesidades y expectativas ciudadanas.
Pero, sobre todo, su figura escurridiza se pasea una vez más en el escenario mayor como una deuda eterna para todos los argentinos. O, al menos, para la mayoría de ellos.
Bendecidos por ley
La aplicación terrenal de Justicia no arroja agua bendita para todos. Solo para unos pocos privilegiados. La legitimación de la desigualdad ante la ley se muestra de manera frecuente en diferentes capítulos donde el poder sacude sus tentáculos.
En la recordada causa de los cuadernos del club de la obra pública, grandes empresarios argentinos y Ceos de las corporaciones que manejan todo a su antojo pudieron cobijarse bajo el manto legal del arrepentimiento.
El incesante desfile de arrepentidos Vip por Comodoro Py para salvar sus pellejos de los barrotes o atenuar posibles condenas debería avergonzarnos y replantear el retorcido sistema policial-judicial-penitenciario que arroja a los calabozos y pabellones a los marginados de siempre.

Con muestras cotidianas, la Justicia nos refriega en la cara que los ricos y poderosos, salvo escasas excepciones, no dormirán tras las rejas. Los perejiles, los desangelados, los malditos y los mismos de siempre no gozan de la misma inmunidad. El grueso de los condenados por delitos menores no tiene oportunidad de hacer el duelo, delatar y no caer en los abrazos de los barrotes de la prisión.
Ni arrepentirse siquiera pueden.
Contra los pobres
“El derecho penal se aplica contra los pobres”. La frase le pertenece al letrado villamariense Augusto Parola, extitular de la delegación local del Colegio de Abogados, en una entrevista realizada por quien escribe hace algunos años.
“Los tipos de delitos que se investiga son básicamente homicidios, hurtos, robos y abusos. Eso está muy bien, pero hay otros delitos que producen un daño muy grande en la sociedad, pero no son investigados con la misma intensidad”. Se refería a los crímenes de manos manchadas y guantes blancos.
Los ladrones de gallinas copan la parada en las superpobladas penitenciarías. Por delitos mucho más graves, los poderosos suelen aguardar su sentencia en libertad, recurren a atajos por su capacidad de influencia o hacen valer su generosa disponibilidad de recursos.
Perezosa e interesada
“La justicia lenta no es justicia”, decía el prestigioso abogado y profesor uruguayo Eduardo Juan Couture, citado en una nota por el extribuno ya fallecido José Naselli. El letrado considerado el procesalista más influyente del Derecho Continental en el siglo XX, sostenía que “la excesiva demora contradice la esencia de la función jurisdiccional e implica la violación de derechos humanos de los justiciables”.
Una reforma judicial integral es más necesaria que nunca para hacer una Justicia más ágil, fresca, robusta, dinámica y, sobre todo, justa. Quizás no alcance con un proyecto que prioriza solo algunas áreas y estructuras del sistema judicial o una avanzada política para obtener beneficios sectoriales o particulares.
Mientras la Justicia continúe siendo tan injusta como pueda, y quiera, la impunidad continuará ganando la batalla.