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[Miradas] Las pequeñas grandes estafas, también en Semana Santa
Decíamos en un escrito hace un par de semanas atrás que hoy por hoy nos parece que en nuestro país fue siempre igual, que cuando se sale a comprar hay que caminar. Paso a contarles.
Escribe: Roberto Alassia
Llegaron las Pascuas y decidimos con mi Sra. ir a buscar unas empanadas de vigilia. Nos llegamos hasta una panadería muy conocida de calle Tucumán. Pregunto el precio de las mismas, casi me desmayo, 2 mil pesitos cada una, sea del gusto que sea (atún, verdura,o espinaca) me señaló la señorita que me atendió.
Iba con la intención de comprar una docena. En el acto cambié de idea y le dije “véndame 4” que me salieron 8 mil pesos (tengo el comprobante). Me retiré, subí a mí vehículo y le comento a mi esposa lo que me sorprendió el costo de cada unidad, que de haber comprado la docena qué era la idea, tendría que haber abonado 24 mil pesitos.
Da la casualidad que por razón ajena a mi voluntad y teniendo el paquete de las empanadas arriba del vehículo, debo ir a otra panadería ubicada en una de las esquinas de calle Catamarca a buscar un paquete de sándwich, que me pidió un familiar que pasase a retirar.
Precios diferentes, igual sabor
Cumplí con el encargue y veo empanadas de vigilia. Ahí nomás pregunto cuánto valen y me dicen 1500 pesos cada una. Saco la cuenta y salía la docena 18 mil pesos la docena. Diferencia de 6 mil pesos. Compré una porque pensé “debe haber algo distinto, el tamaño seguramente o alguna particularidad en el relleno”. Las dos fueron de atún. Llegué a mi casa, las comparé una con otra y no noté diferencia alguna, menos en el sabor.

Esto que me ocurrió es una muestra más de por qué Argentina nunca saldrá de su situación. El que puede estafarte (para mí no deja de ser una estafa) y tiene la posibilidad, te da con el hacha y anda a quejarte…
Tuve la oportunidad de manifestar reclamos tercerizados y, como siempre, “lo que pasa que los productos que usamos son de altísima calidad, pagamos nosotros todos los impuestos, los sueldos aumentan”, bueno, en fin, toda una serie de justificaciones que a mí no me satisfacen.
Es, diría, un dominador común en gran cantidad de negocios.
Mis padres me brindaron una educación quizá demasiado estricta para un país donde un dejo de corrupción viene muy bien.
¿Y los cafés?
En alguna otra oportunidad trataremos el tema del café o cortado. Y les dejo un interrogante: ¿por qué será que existen tantas cafeterías en la ciudad con precios tan variables? ¿Por qué es mal negocio?

No comento el número de quiénes se dedican a ese rubro porque se puede asustar. Además, no lo he podido corroborar, pero le anticipo que sale de todo contexto.