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[Miradas] Metamorfosis argentina…
Aquí estamos, en una Argentina que se jacta de ser el mejor país del mundo, enarbolando la frase “nadie se salva solo”, mientras millones se arrastran como insectos, limpiando vidrios o cortando césped para no morirse de hambre.
Escribe: Félix Vera
Franz Kafka, en La metamorfosis (1915), transforma a Gregor Samsa en un insecto grotesco, que no es otra cosa que una metáfora de la alienación y deshumanización en un sistema que valora a las personas solo por su utilidad económica.
Gregor, sufre esta transformación después de haber estado mucho tiempo atrapado en un trabajo que detesta, que no lo quiere, algo que le hace perder su identidad y es rechazado al volverse inútil como proveedor.
Este mensaje resuena en la Argentina de los últimos 40 años, donde el neoliberalismo, introducido durante la dictadura militar con políticas de apertura económica, y más tarde se consolidó en los 90 bajo Carlos Menem, con amplio apoyo ciudadano.

Menem, fue como un caballo de Troya, ya que aplicó políticas neoliberales más puras y duras, privatizando activos y priorizando lo financiero sobre la producción, maximizando ganancias, apoyado en un endeudamiento que recayó en las generaciones siguientes, hasta colapsar en la crisis de 2001-2002.
Posteriormente, el kirchnerismo intentó refundar un Estado de bienestar, pero fue socavado por la corrupción de algunos representantes y “empresarios” que saquearon recursos públicos sin escrúpulos, desvirtuando el ideal de justicia social.
Ambos modelos metodológicamente fracasaron al no proporcionar herramientas adecuadas para garantizar la construcción de una vida digna de los ciudadanos, lo que resultó en la vulnerabilidad de los trabajadores —los “insectos” modernos— frente a una realidad económica adversa y desprotegida.
Ambos modelos metodológicamente fracasaron al no proporcionar herramientas adecuadas para garantizar la construcción de una vida digna de los ciudadanos
El neoliberalismo, que abrió la economía y desreguló mercados, que privatizó empresas estatales y aplicó el Plan de Convertibilidad, fijando el peso al dólar, aunque inicialmente redujo la inflación, generó desempleo del 18,8% en 1995, y todo termina con la pobreza al 57,5% en 2002 tras la crisis de 2001-2002.
La inflación en 2023, y la última devaluación -brutal e inexplicable, salvo con fines de campaña-, ha pulverizado el poder adquisitivo de los consumidores, relegando al 41,7% de los trabajadores a la informalidad.
Estos trabajadores, que subsisten con changas no pueden cubrir la canasta básica alimentaria, donde muchos de ellos, con formación académica incluso, ven su identidad profesional destruida, reflejando la deshumanización de Gregor.

El kirchnerismo prometió reimplantar un Estado de bienestar, reduciendo la pobreza de 57,5% en 2002 a cerca del 25% en 2010, sin embargo, la falta de reformas estructurales y controles, erosionó todos estos logros.
La pobreza volvió a más del 40% en 2023. Los planes sociales, como la Asignación Universal por Hijo, que no pretende reintegrar a los trabajadores informales al sistema, sino que sirve como una asistencia para quienes viven en la marginalidad laboral y enfrentan inseguridad alimentaria, termina dejándolos atrapados en un “limbo” que evoca la absurdidad existencial de Gregor de “La Metamorfosis”.
Los trabajadores informales, estigmatizados como “vagos” o “planeros”, son los “insectos” de Kafka, necesarios como mano de obra barata para el neoliberalismo o combustible ideológico para el peronismo, pero condenados a los márgenes de una sociedad que los ignora, pero, a la vez, los necesita.
Los trabajadores informales, estigmatizados como “vagos” o “planeros”, son los “insectos” de Kafka
Y aquí estamos, en una Argentina que se jacta de ser el mejor país del mundo, enarbolando la frase “nadie se salva solo”, mientras millones se arrastran como insectos, limpiando vidrios o cortando césped para no morirse de hambre.

El resultado que nos queda es, que el neoliberalismo nos vendió el sueño del progreso, el peronismo nos juró justicia social, y ambos nos entregaron una sociedad donde más del 40% vive en la pobreza, donde un título universitario puede valer menos que un trapo para limpiar parabrisas.
Como Gregor, estos trabajadores son escupidos por un sistema que los usa y los desecha
Como Gregor, estos trabajadores son escupidos por un sistema que los usa y los desecha, mientras el Estado, ese supuesto guardián, se lava las manos y los deja revolcarse en los márgenes de la miseria.
Para finalizar, sería una aberración cultural total tildar Kafka como “marxista”, aunque esta metáfora de “La Metamorfosis” muestra el espíritu más puro de la crítica de ese pensamiento, dejándonos el mensaje, que cuando el sistema nos reduce a un engranaje, y ese engranaje se rompe, no somos más que bichos, aplastados por la indiferencia de una rueda que sigue girando sin mirar atrás.