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[Historias] Los días de Perón en Gaspar Campos, tras su esperado retorno
Escribe: Julio a. Benítez – benitezjulioalberto@gmail.com
En la famosa residencia ubicada en la calle Gaspar Campos 1065, en Vicente López, que fue el centro político en Argentina, y que había sido propiedad de un enemigo del expresidente, quien vivió allí cuando regresó por primera vez, el 27 de noviembre de 1972, se registraron interesantes anécdotas históricas e imágenes inolvidables.
Estaba cansado, el ajetreo de los preparativos del viaje, quince horas de vuelo desde Europa con una escala en Dakar, lo sentía en su cuerpo. Lo único que deseaba, a sus 77 años, era ir a descansar a la casa que habían comprado y que usaría durante su estadía en el país.
Cuando el DC8 de Alitalia “Giuseppe Verdi” (que solía usar el Papa Paulo VI) aterrizó, el presidente de facto Alejandro Agustín Lanusse pretendía que antes que nada fuera a verlo a la Casa Rosada, primero para entrevistarse con él y luego con la junta de comandantes. Que, si no hacía lo que en el mensaje le había indicado, la situación se tornaría riesgosa y que no garantizaban su seguridad.
Al gobierno no le había caído bien que Perón no hiciera caso a las indicaciones de no bajarse a saludar a los simpatizantes que habían logrado sortear los controles militares. Al pie de la escalerilla del avión se había subido a un auto y en un momento se detuvo, bajó y saludó a su gente con José Ignacio Rucci, secretario General de la CGT, quien en el momento que llovía torrencialmente lo protegió con el paraguas.
“A mí no me van a hacer otro 17 de octubre”, eran los temores de Lanusse.

Perón detenido
Esa noche, con guardias de la Fuerza Aérea, con dos ametralladoras apuntando a la puerta de salida, ordenaron a Perón, su esposa y demás acompañantes del avión, que no podían salir del Aeropuerto de noche, debiendo pernoctar en el hotel de Ezeiza.
El tema se destrabó cuando la comitiva que acompañaba a Perón aseguró que ellos se hacían cargo de su seguridad y que no se irían de allí siendo de noche.
En la madrugada del 18 de noviembre, a las 7 horas, Juan Domingo Perón dijo “Basta”, se vistió con un traje oscuro y se dispuso a abandonar el hotel para dirigirse a la casa que habían comprado con aportes reunidos por Rucci. Subieron al Ford Fairlane negro.
Vamos rápido -dijo Perón, -hasta acá llegamos y vamos a cumplir con lo que hemos prometido.
Al llegar Perón le dijo a Cámpora –Así que esta es mi casa, muéstremela.
La casa
En su frente ondeaban las banderas argentina y paraguaya y el operativo de seguridad de policías y militares cubría un radio de 10 manzanas.
En la puerta de entrada había un escudo con la frase “Nec temere, nec timide”, que quiere decir “Ni temerario ni temeroso” (Aristóteles).
Los vecinos del barrio no tenían idea del momento en que llegaría Perón a la casa de Gaspar Campos, así que apenas se supo que estaba por llegar, el movimiento de personas y automóviles a los bocinazos fue incesante.

Pese al movimiento, Perón dijo –Quiero descansar un día por lo menos y se dispuso a acomodar su ropa en los placares, mientras Isabel se quejaba porque había pocas perchas.
Las ventanas de los dormitorios que usó el expresidente daban a la calle, en el segundo piso sala de juegos y balcón que daba al jardín trasero.
A las 8 de la mañana salió Abal Medina para hablarles a los numerosos periodistas agolpados en la vereda, informando que Perón estaba bien, pero un poco sorprendido pues la tarde de su llegada, estuvo detenido en Ezeiza.
Los periodistas no se conformaron y a las nueve y media comenzaron a corear “¡Perón al balcón!”. No les convencieron las excusas que salieron a dar Cámpora y Osinde, uno gritó “¡Hace tres días que no duermo por cubrir esta nota!”.
Fue cuando Perón se asomó y sonriendo les dijo –Perdónenme muchachos… pero hace tres días que no me puedo sacar los botines.
Ya, a las 12, un gentío se había dado cita y el barrio perdió definitivamente esa tranquilidad de suburbio acomodado del conurbano bonaerense. Los destrozos provocados por la gente, hizo que Perón, de su bolsillo, se hiciera cargo de los arreglos.
A las 13 horas, salió a saludar nuevamente a los jóvenes que cantaban ¡¡La Casa Rosada cambió de domicilio, ahora está en Vicente López por orden de Perón!!
Muy emocionado el expresidente saludó con los dos brazos en alto, haciendo la seña con ambas manos sobre su mejilla, inclinando la cabeza, indicando que se iba a dormir.
A las 17 volvió a salir al balcón, con su esposa Isabel que sostenía un retrato de Evita y le alcanzó la famosa gorrita que solía usar mientras había sido presidente, que la tiró a la multitud.
Encuentros cercanos
El líder justicialista convocó a todos los partidos políticos y dirigentes gremiales a una cena, a realizarse el 21 de noviembre, para ponerse de acuerdo en conformar un gran frente popular que se plantase frente al gobierno de facto. Fue en el restaurante Nino, cerca de la casa, y que algunos recuerdan que allí iba a cenar con Evita.
Había vecinos conocidos, como el doctor Julio Ángel Luqui Lagleyse, a quien la noche del 23 de noviembre un hombre de la guardia del expresidente fue a buscarlo para que lo atendiera, ya que se había descompensado. Tendido en la cama, tenía una máscara de oxígeno y el doctor pudo controlar el edema de pulmón que sufría. Eran avisos de un anciano que transitaba sus últimos meses de vida.

En los jardines de esa residencia, en la tarde del 25 de noviembre se vio cara a cara con don Ricardo Balbín, el jefe del partido Radical y su viejo adversario, que llegó retrasado por una descomunal congestión de tránsito, debiendo ingresar por el fondo de la casa, por calle Madero, saltando un cerco.
Desde la caída de Arturo Illía se habían iniciado los contactos secretos entre ambos líderes y esa tarde se confundieron en un abrazo, mientras Perón le dijo: –Doctor Balbín, entre nosotros dos representamos al 80% del país, debemos ponernos de acuerdo.
Los días fueron pasando de reunión en reunión, en momentos con nerviosos diálogos con la presencia de Héctor Cámpora, Juan Manual Abal Medina, el coronel Osinde, Ezequiel Martínez, secretario general de la Junta Militar y Edgardo Sajón secretario de prensa del gobierno de facto.
Resolvieron que, en el trato con periodistas, Abal Medina se presentaría como dispuesto a arreglos políticos positivos, muy tranquilos, mientras que Rucci se mostraría combativo, amenazando con un paro general por tiempo indeterminado.
Así las cosas, a casi un mes de su arribo a Argentina, Perón y sus acompañantes prepararon sus equipajes y partieron, con una detención en Asunción, para viajar ya de regreso a Madrid.
Otros datos o secretos de lo tratado en esos días no se han dado a conocer.
Fresco y batata
En el barrio, durante mucho tiempo hubo quejas de los vecinos por el abandono de la casa, el pasto crecido, mucha maleza y las ranas que se criaban en la pileta, con el agua estancada. En el interior aún estaban el sillón capitoné en el que se habían sentado Perón y Balbín y en el garaje estaba un Fiat italiano que Perón le había regalado a Isabel, pero como ella no sabía manejar, él solía usarlo para salir a comprar por el barrio, queso fresco y dulce de batata, su postre preferido y que tenía prohibido por su diabetes.
En esas salidas y como también tenía prohibido fumar, aprovechaba para pedir un cigarrillo a los periodistas que montaban guardia.

Finalmente, el Partido Justicialista la compró en 1992 por 550 mil dólares y Victorio Pirillo, secretario General de los municipales de Vicente López, fue quien se encargó de cortar el pasto y realizar otras tareas de limpieza, proponiendo convertir a la vivienda en una regional de la CGT y en una escuela de conducción política y sindical.
Además, Pirillo le pidió ayuda a Hugo Chávez para transformarla en una residencia para presidentes latinoamericanos y el venezolano prometió un millón y medio de dólares para acondicionarla, pero todo quedó en la nada. Fue refaccionada por los propios y últimos dueños.
Un enemigo
Según el periodista Miguel Bonasso, esa casa había sido hecha construir en 1936 por el médico Alfonso von der Becke, que invirtió veinte mil pesos, quien fue asesinado por un paciente. Este médico era hermano de Carlos Maximiliano von der Becke, integrante del tribunal de honor que degradó a Perón en 1955, anécdota que le causó mucha gracia al expresidente.
Esta casa, de 20 metros de frente por 60 de fondo, está ubicada a 18 cuadras de la residencia presidencial de Olivos y en la venta intervino la inmobiliaria Alberto O’Connors quienes, y la misma propietaria, Margarita de Bauer Mengelberg, no supieron nunca a quien se la habían vendido por 83 millones de pesos moneda nacional, con una entrega a la firma del boleto de 8 millones trescientos mil m$n y el saldo a los 90 días.
Y, ¿quién fue Gaspar Campos?
Tenía 37 años cuando en julio de 1868 fue tomado prisionero en la guerra de la Triple Alianza.
Sufrió dos meses de maltrato por los paraguayos y falleció en la prisión de Lomas Valentinas.
Así fue inmortalizado su nombre en una calle de Vicente López y en otros puntos del país.
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Fuente: Infobae