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[Opinión] El gobierno del ajuste en los tiempos de crisis

“La democracia es la peor forma de gobierno, a excepción de todas las otras” (Winston Churchill)

Escribe: Cristina Pablos

Los argentinos hemos presenciado más de una crisis a lo largo de nuestras sacrificadas vidas.

La economía no es solo “un estado de ánimo” -como nos quería hacer creer Alberto Fernández- la realidad de que “No hay plata” es bien palpable, si no, que lo diga la clase media y, especialmente, los jubilados.

Es mundialmente sabido que la “credibilidad” de un país en los mercados tiene mayor importancia que el bienestar de sus ciudadanos. Tanto esto como el factor “déficit cero” se lo ha tomado muy en serio el presidente Milei: él se propuso una meta a la que quiere llegar sea como sea… si el pueblo se lo permite.

Hasta ahora su nivel de positividad en las encuestas de opinión pública es casi el mismo con el que asumió, aunque haya muchos descontentos con las formas.

Si bien Milei fue un candidato que prometió grandes ajustes y no mintió, también prometió meter motosierra y licuadora en todos los estamentos del Estado y vaya si lo está haciendo, para mi gusto se le está yendo un poco la mano.

Es cierto, ningún país puede subsistir y menos crecer sin la inversión privada; tampoco puede funcionar sin un Estado regulador ausente por completo.

Hasta el mismo FMI está preocupado por el gran ajuste que está haciendo Milei en Argentina.

El sistema social está corriendo un riesgo injusto e innecesario. La dureza de la implementación del ajuste ya pasa a ser una cuestión de ética y moral

El sistema social está corriendo un riesgo injusto e innecesario. La dureza de la implementación del ajuste ya pasa a ser una cuestión de ética y moral.

Por un lado, vemos la guerra que está desatando con algunas provincias por la coparticipación en las Cajas de Jubilación ($11 millones en Córdoba) y vemos también cómo en el ANSES nombran a Enrique Buscio, el kirchnerista que avaló las dos jubilaciones de CFK.

Milei no ha logrado librarse, dentro del gobierno, de “la casta kirchnerista” a la que venía a combatir. Si bien hay una superpoblación de ñoquis en el Estado, algunos del gobierno anterior gozan de favores mileístas.

El presidente, con su afán de jugar “al niño malo de la película” tiene sobre las cuerdas a su canciller Diana Mondino, tratando de poner paños fríos a los exabruptos del presidente que, aunque tenga razón en algunas expresiones, tiene que tomar conciencia que ya no es un candidato en campaña sino el presidente de los 47 millones de argentinos, los que lo votaron y los que no.

Esto no hará que no repudie las amenazas de muerte que recibió Milei el pasado fin de semana.

¿Alguna vez podremos vivir en paz (y con sueldos dignos muchos trabajadores) los argentinos? Le recomiendo al presidente Milei, humildemente y desde el ignoto lugar desde el que ni siquiera se enterará, que BAJE UN CAMBIO.

Recuerde presidente (no soy quien, para advertir, pero es realidad): los gobiernos duran lo que los pueblos quieren que duren.

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