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 [Opinión] Los argentinos y la felicidad (o la infelicidad)

Hay infinitos conceptos de felicidad. El mío propio, al que arribé a los 20 años es: “estar conforme con uno mismo”. Pero no voy a tratar de la felicidad individual ni de la concepción filosófica de la misma sino de la felicidad (o in) de los argentinos en forma generalizada.

Escribe: Cristina Pablos

Según el Ranking Mundial de Felicidad por países Finlandia es el más feliz y Afganistán el menos feliz. Argentina ocupa el puesto N° 48. Si bien solo el 40% de la población señaló sentirse feliz y satisfecho, el 48% se mantiene desmotivado.

Según la leyenda, “el hombre feliz no tenía camisa”. Son diferentes las variables que hacen a la calidad de vida, por ejemplo: el PBI per cápita, la esperanza de vida saludable, tener a alguien con quien contar, libertad para tomar decisiones de vida, acceso al trabajo, la generosidad y LA CORRUPCIÓN.

Esta última impide que la felicidad sea completa (salvo para el corrupto). Los argentinos son cada vez menos felices y sufren del síndrome de “burnout” (agotamiento).

Concretamente, analizando los últimos 20 años, se observa un aumento en los niveles de estrés. Más del 25% de la población señala que la mayor parte de los días siente que “no puede relajarse después del trabajo”.

Los resultados indican que 3 de cada 10 argentinos experimentan niveles de agotamiento emocional crónico (Argentina es el país donde más trabajan los sicólogos).

Los jóvenes son los que presentan mayores niveles de estrés y menor felicidad. Es muy posible que, hasta las personas mejor posicionadas económica y espiritualmente-si tienen algo de sensibilidad- no se sientan angustiadas e impotentes cuando ven ¡TANTA CORRUPCIÓN! y a lo largo de tantos años.

Ahora están apareciendo “los cuadernos del hambre”. Los millones de pesos que fueron a manos de inescrupulosos, que obligaban a las personas pobres a asistir a marchas, acampes y piquetes con sus niños, para poder cobrar el mísero “sueldo” del Potenciar Trabajo y si no lo hacían les cortaban el plan y/o la comida que daban en los miles de “comedores fantasma” que se descubrieron.

Los alimentos que el Ministerio de Desarrollo Social les enviaba lo vendían en comercios barriales a pesar de la inscripción “no negociable”. Mientras, los punteros piqueteros-Grabois, Belliboni, Pérsico, etc- se movilizan en regios autos último modelo y viven en mansiones, dándose el gusto de vivir sin trabajar.

Es triste, vergonzoso, indignante y desalentador ver que, en uno de los países más ricos en recursos naturales haya personas que viven en la calle, que comen de la basura, gracias a gobiernos corruptos que amaban a los pobres, pero… que sigan siendo pobres

Del otro lado, el Estado “benefactor” nunca controló nada; llamativo ¿no? Es triste, vergonzoso, indignante y desalentador ver que, en uno de los países más ricos en recursos naturales haya personas que viven en la calle, que comen de la basura, gracias a gobiernos corruptos que amaban a los pobres, pero… que sigan siendo pobres.

Si bien lo material no hace a la felicidad ni tener dinero calma los nervios, el tener una vida digna, aun con poco, no tener que mendigar un plato de comida, poder darles estudio a tus hijos, tener acceso a un trabajo, alguna distracción, buena salud…eso, si no te hace completamente feliz, al menos te da bienestar.

Está claro que la felicidad tiene distintos significados para cada persona: para algunos es tener al lado al amor de su vida (no tan fácil), para otros su realización a través de su profesión o su trabajo, los hijos, los nietos, los amigos, una buena salud o acceso a ella.

Lo que está más que claro es que, en Argentina, es bastante difícil para muchos, ya no alcanzar la felicidad sino el bienestar.

Después de todo la felicidad, generalmente, son momentos. La esperanza es lo que no debemos perder.

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